martes, 4 de octubre de 2011

La mandarina que ensució el alma de uniforme azul

Ésa es una aventura que todos los hombres tienen que correr [...] todos han 
de aprender a angustiarse. El que no lo aprenda, se busca de una forma u otra su propia ruina:
 o porque nunca estuvo angustiado, o por haberse hundido del todo en la angustia […]
Tanto más perfecto será el hombre, cuanto mayor sea la profundidad de su angustia.
Sören Kierkegaard [El concepto de la angustia]

Lo innombrable - Offtopic

Bajo la sutil y obsoleta luz amarillenta de una lámpara incandescente; de cara al abismo de desesperanza de la última desgracia; maravillado ante esa preciosa e inmóvil figura de cabello pardo y redondeado rostro; sentado frente a una mesa decorada solo con una cesta de frutos abominables; enterrando el ordinario pasado reciente; Navarro disfrutaba genuinamente de la vida. De todas las frutas, una en particular llamaba su atención: una pequeña, más bien deforme, anaranjada y de aroma venenosamente dulce. Aquella tarde de miércoles – soleada como en sueños, exigua como en pesadillas, atiborrada de bellas emociones, esplendor de la triste realidad – trascendía las barreras del tiempo y del espacio, fusionaba arteramente la razón con la locura, proponiendo un verdadero juego de maldades entre el demoníaco cielo y el glorioso infierno. La mismísima nada, con su verdoso cuerpo desafiante de todas las leyes naturales, sin que nadie pudiese notarlo, menos evitarlo, reptaba por sobre las veredas y calles, abriéndose paso entre las ominosas masas grises y las horripilantes plazas de esa inhóspita ciudad imaginaria que, aún hoy, huele a mandarina. Todo aquello estaba construido tan solo para derrumbarse, y Navarro lo sabía desde el momento en que ese mundo había sido levantado, una copiosa noche de otoño.

El desgraciado fumador no podía recordar si había comido dicho fruto. Tampoco recordaba el origen de los bestiales golpes que podían oírse en la habitación contigua. Sin embargo, con envidiable claridad, inmortalizó en su memoria las fotografías que había visto en aquel momento aciago, y también esa sonrisa que durante eones recorrerá el derruido camino entre su alma y su corazón, arrastrando consigo una dichosa tristeza. Todas esas visiones podían, o bien ser producto del deplorable y habitual estado mental de Navarro, o ser obvia consecuencia del terror proporcionado por aquella tempestad inconcebible que azotó al navío blanco que tripulaba, comandado por un juvenil y excéntrico capitán.

Al tiempo que las furiosas aguas del Mar de Baraja golpeaban la débil y maltratada barcaza, bajo un cielo curiosamente despejado, y mientras casi toda la tripulación perdía la conciencia merced a una extraña enfermedad, Navarro notó que algo sobrevolaba a la par de la embarcación. Contrastando con la inmortal oscuridad de la noche, pudo ver con claridad eso que se elevaba con delicada perversidad. No parecía real, solo una mandarina más en la imaginación de un demente; un demente que pronto se sumergiría en las profundas aguas de aquello que había creído desterrado por la eternidad.

Los médicos que atendieron a los ocupantes del navío en desgracia atribuyeron la fiebre, las alucinaciones y los posteriores desmayos, a la comida en pésimo estado y a las exóticas bebidas consumidas durante la noche del sábado. Al parecer (y con justa razón) los especialistas prefirieron no adentrarse en lo desconocido, en eso que no pueden explicar por miedo al ridículo. La doctora sureña que examinó a Navarro, en la tarde del domingo, nunca abrió la boca. Tampoco el desdichado fumador lo hizo. El propósito de la travesía por el furtivo Mar de Baraja no era menos absurdo que el de otros, pero ninguno imaginó terminar rogando por su vida al mezquino dios.

A pesar de su estado deplorable, la embarcación Ballester – bautizada así por el ya retirado capitán Garrido, el más temerario de su generación – era el orgullo de la flota del Norte, compuesta por un interminable número de naves, de las más diversas características y las más heterogéneas e insólitas tripulaciones. El lector no debe esperar una detallada descripción del barco, pues no soy un experto en la materia y con seguridad nunca lo seré. Basta con decir que el casco, en su esplendorosa totalidad, estaba pintado de rosa, devenido en una especie de gastado blanco tras la inverosímil cantidad de viajes realizados. Fue el hijo del antiguo capitán, un joven impetuoso, de excelsa vida nocturna, quien tomó la posta familiar, y se encargó de aquella barcaza inmemorial. Bajo su mando quedarían Espinosa, vicecomandante del Ballester; Romano, el mecánico; Darío, el cocinero; y Navarro, encargado de limpiar los baños. Ni un millar de palabras bastarían para describir sus virtudes; pero mucho menos alcanzarían para enumerar sus vicios y miserias. Quien completaba el intrépido grupo de exploración era un ser de interminable ominosidad, que todo lo domina y todo lo sabe, aún sin saber que sabe y domina todo lo que sabe y domina.

El navío zarpó del puerto Soriano, ubicado en la pacífica y mugrienta costa este de la ciudad sin nombre, a las cinco en punto. Esa tarde de sábado, momento en que el Ballester se adentró en las terroríficas aguas del Mar de Baraja, no será fácilmente olvidada. Como tampoco será olvidada la primera noche a bordo, en la cual casi todos los tripulantes del vapor cayeron víctimas de una extraña fiebre de procedencia desconocida, inexplicable hasta para el más sabio de los médicos consultados. El limpiador de baños fue el único inmune a esta particular afección; sin embargo, este desdichado hombre padeció algo mucho peor: tormentosas e inenarrables visiones, que lo llevaron a un calamitoso estado de locura, comparable solo con lo vivido en aquel templo de intensa malignidad, donde despigmentados terroristas propiciaron un baño de sangre insólito, o en el ominoso rincón gris, donde asistió a su propia muerte.

Y por supuesto, nada ni nadie podrá desterrar de la memoria de esos marineros los hechos que se produjeron aquella soleada mañana de domingo, instante en que todos los que habían caído despertaron, y se encontraron con Navarro, completamente embriagado en inefable demencia, echado sobre el verde asiento del camarote del capitán, repitiendo una y otra vez una frase que se grabó a fuego en los corazones de quienes la oyeron; y decía más o menos así: “hoy no… el ángel otra vez no…por favor, esta noche no…”. Su tono, débil por descaro, cubría al mensaje con de un halo absurdamente esquizofrénico.

Nadie le encontró explicación coherente a los incoherentes susurros del incoherente limpiador de baños. Tan solo el desgraciado cocinero, algunas semanas más tarde, con Navarro ya recuperado del espanto que destruyó sus nervios, pudo comprender lo sucedido, aunque con ciertas reservas pues uno no tuvo el coraje para contarlo todo y el otro para indagar lo suficiente. Esa noche de primavera, a bordo de un cansino navío blanco, que de blanco no tenía nada, nuestro singular protagonista, cuya vida parecía haberse extinguido tiempo atrás, volvió a sentir el lánguido latido de su corazón.

Varados en la grandiosidad de un mar verdoso y repugnante, la inexperta tripulación sufrió los embates de la locura, estigmas del elixir que el joven capitán les había proporcionado; una bebida sagrada, proveniente del remoto oeste y de sus templos aún más remotos. Ya sea producto de las alucinaciones de estas extravagantes pociones o del diabólico sonido de la innatural tormenta a la que el navío se vio sometido, casi todos cayeron enfermos. Tan solo Navarro quedó en pie, desprovisto de toda protección mental, ante la soledad y la inmunda visión de aquel manto estrellado de color negro azulado que se levantaba sobre el barco y sobre el interminable Mar de Baraja. Es entonces que deja de tener sustento la teoría que afirma que la insondable masa de agua brinda cierto resguardo, y repele toda clase de soporíferos horrores; muy por el contrario, las eternas aguas de la devastación se comportan como un imán de absurdo desquicio y de todo aquello que los hombres desconocen desde su concepción.

El dulce sabor de la mandarina era la fiel imagen de la felicidad de un muchacho algo sucio y algo desprolijo, un delicioso veneno que alimentaba el motor de su existencia. Sentado frente a una redonda mesa blanca, admiraba sin temor a su más preciado tesoro, que brillaba más que miles de soles y personificaba todos sus deseos, los ocultos y los conocidos por todos. Muy lejos estaba la sombra copiosa; aún más lejos, las negras nubes de la desolación; cerca, el gigantesco sol, que asomaba con esplendor perfecto, acariciando la mejilla izquierda del pobre muchacho con sus cálidos rayos de perversa ternura. Deseó Navarro, aquel momento fuese eterno. Hoy desea nunca haberlo vivido.

Para una sencilla comprensión de los hechos que llevaron a estos falsos héroes a un nivel único de alienación, debo remontarme a los comienzos del viaje a bordo del Ballester. Con este propósito, transcribiré, hasta el más mínimo detalle, lo que el capitán del navío, el joven Garrido, apuntó en su bitácora de viaje:

“Diecisiete horas: Comienza la travesía en busca del Arrecife Dorado. Espinosa no para de gritar de la excitación. Romano se entretiene con un aparato rectangular negro que trajo consigo. Navarro mira constantemente el cielo grisáceo. Parece esperar algo o a alguien. Nunca voy a comprender las cosas raras que hace y dice; si no fuese bueno limpiando baños no lo traería más conmigo. Los otros dos observan el majestuoso y trepidante mar con suma atención; al menos ellos sí ayudan. Me gustaría beber algo fuerte.”

“Diecisiete horas nueve minutos: El viento opone resistencia. No es una dificultad insalvable si se tiene destreza suficiente como la que tiene un buen capitán. En minutos llevaré a cabo el ritual que la familia Garrido ha repetido cada vez que se embarca: lanzar una bolsa con 33 monedas de Ramos al fondo del mar. Los dioses estarán con nosotros. Eso lo puede intuir solo un ilustre capitán.”

“Diecisiete horas veintiún minutos: Acabo de terminar con el ritual. El puerto Soriano se ha ocultado de momento. Seguramente volvamos a verlo el día de mañana, con el éxito a cuestas.”

“Dieciocho horas treinta y cinco minutos: La quietud de las aguas me perturba un poco. Asumía un embravecido mar en estas latitudes. Espinosa ha comenzado a beber y a hablar con cierto desparpajo. Espero no se embriague antes de llegar al Arrecife. Romano se ha dormido: con seguridad anoche no pudo descansar lo suficiente; espero que el Ballester no falle pues no tendríamos mecánico. Navarro continúa en las nubes, como si quisiera saber en qué momento ese ‘algo’ se presentará (si es que se presenta ante él). Espero se muera. Tal vez Espinosa deba compartir algo de su bebida conmigo. He perdido de vista a los otros dos. No quiero ni pensar qué están haciendo; mi cocinero también está chiflado.”

“Diecinueve horas: El sol comienza a ocultarse detrás de la infinita alfombra anaranjada. Voy a tomar algo antes que caiga la noche, o no podré reaccionar ante un posible peligro. Romano se ha despertado al fin. Tengo la sensación que nos hemos desviado un poco, pues ya deberíamos estar viendo las aureolas del Averno. Un rumor extraño, algo así como un rugido, se entrevera con el sonido seco del agua golpeando mi barco.”

“Diecinueve horas dieciséis minutos: El Ballester ha comenzado a tener problemas, pero nada tienen que ver las acciones o decisiones del capitán. El clima es incomprensible en estas regiones desoladas. Asoman las estrellas entre el claroscuro; el comportamiento del mar es pavoroso por momentos. Con la caída del sol y la marea actual es imposible vislumbrar el arrecife; temo nos hayamos desviado. Posiblemente debamos anclar aquí y esperar hasta mañana. Espinosa es alguien en quien no se puede confiar cuando está borracho.”

“Diecinueve horas veintiún minutos: Acabo de ver el rostro de Navarro, y me ha proporcionado una cuota de horror mucho más grande que cualquier adversidad climática: parece haber dejado de buscar ‘eso’ que buscaba; ha adoptado una mueca siniestra, como si supiese cuándo y cómo aparecerá, como si estuviese elucubrando algo espantoso y copioso. Temo un motín, aunque es solo el encargado de limpiar los baños. Romano ha comenzado a beber también mientras habla con mi cocinero y el ser sin nombre y sin rostro.”

“Veinte horas treinta y siete minutos: El cocinero y el ser sin nombre han comenzado a preparar la cena. No comprendo la receta, pero utilizan todo el queso que cargamos por la tarde. Afortunadamente hay suficiente elixir. Navarro parece estar tarareando una canción. Le temo por momentos. Una densa neblina ha comenzado a levantarse. No imaginé a un Mar de Baraja con tantas complicaciones. Tal vez debimos aguardar algunas semanas para viajar. Espinosa no es de confiar cuando está sobrio tampoco.”

“Veinte horas cuarenta y dos minutos: Anclamos finalmente. Mañana continuaremos con la búsqueda.”

“Veinte horas cincuenta y cinco minutos: Trataré de beber mucho para echarme a dormir lo más rápido posible. El aroma de la comida comienza a abrir mi apetito. Un sabio capitán se alimenta primero que su tripulación para poder guiarlos a la victoria rápidamente. Es extraño, pero Navarro abandonó su estado catatónico y se acercó para conversar con los cocineros.”

“Veintiún horas dos minutos: El ser sin nombre y sin vergüenza parece haberle dicho a Navarro algo que lo dejó completamente congelado, pero no tengo idea qué. Un gran capitán no se entromete en asuntos triviales y ajenos, especialmente si de inexpertos navegantes se trata. Aunque, haciendo honor a la verdad (algo que me distingue, por otro lado), la mueca del limpiador de baños, mientras veía hacia la mismísima nada, me asustó bastante. No viajará más en el mismo barco que este grandioso capitán; lo odio. La conversación reciente con Espinosa me ha dejado satisfecho, así también como los tragos que bebimos, observando el interminable manto de agua que Dios creó. Me pregunto que le habrá dicho el ser sin nombre a Navarro…”

“Veintiún horas cincuenta y nueve minutos: Por fin, todos reunidos. Con este excelso capitán como anfitrión, en el hermoso Ballester, comenzamos a comer y a beber. La temperatura ha bajado, pero reina la paz a bordo y también en los alrededores. La intensidad de los vientos amainó y las aguas ahora están quietas. El éxito está asegurado. Una peculiar niebla no me permite ver la luna todavía.”

“Veintidós horas un minuto: Este sabio capitán ha optado por levar anclas y proseguir con el viaje. La cena también continúa.”

“Veintidós horas catorce minutos: Es un desastre!! Las condiciones climáticas se han modificado radicalmente. El navío es imposible de controlar con las ráfagas furibundas. No lograremos encontrar el Arrecife; por el contrario, creo que encontraremos la muerte. Tengo mucho miedo… Que Dios me ayude a mí y solo a mí… Maldito cocinero, maldito ser sin nombre, maldito mecánico, maldito Espinosa, maldito Navarro… Que Dios me ayude a mí y solo a mí...”

Esas fueron las últimas palabras que el joven capitán Garrido pudo apuntar en su bitácora de tapa blanda color caqui. Mientras observaba aquel desenlace furtivo, guardó la libreta en su chaqueta y no se la mostró nunca a nadie. Por qué escribía en lugar de dar instrucciones de navegación en un momento de emergencia, es algo que desconozco. La trepidante tormenta destruyó gran parte de la popa del Ballester. La nave no se había hundido solamente por la enorme y divertida misericordia de Dios. Los vientos cruzaban el estrecho barco con una fuerza nunca antes experimentada ni por el capitán ni por su vicecomandante, abalanzándolo de forma terrorífica. Los mandos ya no respondían, y cualquier pedido de socorro sería en vano, encerrados en una inmensa muralla de agua negruzca y despiadada.

En el preciso instante en que la tempestad parecía alcanzar su punto crítico, el cielo comenzó a desempolvar al astro que guía a aquellos que han visto ocultarse el gigantesco sol para siempre. Mientras el navío, al borde del hundimiento, era alcanzado por espeluznantes holas de inenarrable altura, la neblina comenzó a retirarse con envidiable tranquilidad, desnudando al estrellado cielo azulado y a la helada y preciosa luna, sueño imposible de los muertos en vida. La tripulación del Ballester comenzó a perder los estribos entonces, asombrados al ver amainar la lluvia y la letal ventisca. Operó en ellos un drástico cambió; afectados por algún tipo de enfermedad soporífera, comenzaron a tener alucinaciones, que culminaban en un desmayo febril. Espinosa, el ser sin nombre y sin voz, el cocinero y Romano fueron los primeros en caer. Sus últimas visiones guardaban relación con una antigua guerra, un teatro en llamas y un dictador de interminable vigencia y poderío. Pronto, el joven capitán Garrido cayó. Antes de perder la conciencia notó que Navarro no paraba de observar a una especie de pájaro negruzco que sobrevolaba a la par de la embarcación vetusta.

Todo se desarrolló a una irrisoria velocidad. El limpiador de baños apenas notó el inmenso parecido entre esa ave y los seres alados de leyenda, creados por dios, utilizados por el diablo. Con el destello de las estrellas culminaba la trepidante tormenta, y Navarro por fin se encontraba con eso que había estado esperando desde la partida del navío del puerto Soriano. Sin embargo, lo que imaginó, nunca sucedió. Todo lo contrario.
                                           
Aquel ángel vestido de negro, celestial humanización de la redonda y blancuzca luna, descendió rápida y elegantemente a la cubierta destruida del Ballester, donde Navarro permanecía petrificado por esa indecible visión, con los ojos abiertos como un par de huevos fritos y una tensión absolutamente irreproducible en la mandíbula. El ángel retrajo, entonces, sus hermosas y espectrales alas, acercándose con misteriosa lentitud al único miembro de la tripulación que no había caído víctima de esa extraña y macabra fiebre marina. La expresión del pobre desgraciado lindaba lo absurdo, y hubiese provocado una mueca de piedad hasta del mismísimo diablo de papel. Retrocedió en el instante en que aquel ser alado posó sus delicados pies sobre la derruida barcaza, temiendo por su vida y por la de sus inconcientes compañeros, quienes debían estar en el mundo perfecto. Cuando el ángel levantó su cabeza, permitiendo la visión interminable e intolerable de sus bonitos, pequeños y oscuros ojos, el limpiador de baños recordó lo que en el “jardín de la mentira” había nacido y fenecido: la última desgracia. En honor a la verdad, que muchos saben pero pocos aceptan, esa desgracia siempre había brillado en su interior, oculta solo por el confuso resplandor del confundido sol, apagado para siempre. Aún en la más repugnante noche, aún con la infernal música sonando, aún con el pesado recuerdo de los días de invierno que jamás volverían, aquel sentimiento verdoso continuaba vivo.

Navarro no tuvo chance ni siquiera de pestañar pues no quería ni podía darse el lujo de perderse detalle alguno de ese ángel de sempiterna hermosura que vestía completamente de negro, señal de divina malignidad; su piel perfecta brillaba aún en medio de la tenebrosa oscuridad del Mar de Baraja; era la suave brisa del norte la que volaba aquellos rizos dorados de innatural magnificencia, y los dotaba aún de más belleza; y, a pesar de ser más bien pequeña, aquella muestra absoluta de perfección, podría haber embobado y encantado hasta al demonio más detestable.

El limpiador de baños se dejó caer, apoyando sus rodillas en la desvencijada cubierta de madera, golpe que se pudo oír aún con el silbar del maléfico y quejumbroso viento. Al borde de las lágrimas, inexplicables, comenzó a perder la cordura. Sacudiendo la cabeza, tapándose el rostro con ambas manos, intentando en vano desterrar todo pensamiento desgraciado de su alma, fue incapaz de evadir el incierto mundo que le esperaba tras esa barrera. La cocina de paredes amarillas, sitio que nunca abandonaron ni su memoria ni su alma, apareció nuevamente para arrasar con lo que quedaba de su conciencia. Las mandarinas formaban una inmensa montaña, sobre la redonda mesa blanca, cayendo en las piernas del pobre Navarro, que nada podía hacer para evitar el derrumbe, abandonado por la sombra que una vez lo asesinó.

Navarro comenzó a gritar como un loco y huyó despavorido, intentando arrojarse al mar sin importar nada más. Es así que obligó al ser de negras alas a actuar rápidamente, recurriendo a un macabro artilugio que ahogó sus eternas penas en el mismísimo sótano de su alma. Antes de una posible tragedia, el ángel de cabellos dorados tomó de la cintura al demente muchacho que había alcanzado el borde del precipicio; lo rodeó con sus pequeños brazos, apretándolo con todas sus fuerzas, que naturalmente no eran muchas. Navarro tembló. De repente, comenzó a borronearse la imagen del cuarto con la redonda mesa blanca, y las mandarinas, finalmente, desaparecieron por completo, como derritiéndose en un horno inconcebible. Navarro recuperó la conciencia completamente tras esta sucesión de absurdos; ahora no agonizaba en una tierra innombrable, sino en brazos del ser más hermoso de la tierra, o mejor dicho, de los cielos. El Mar de Baraja parecía congelado; el cielo, tan despejado como en sueños. Fue entonces que se dio vuelta y pudo observar con lujo de detalles el rostro de cuadradas facciones, precioso por siempre, destellando por efecto de la cegadora luz de la luna, sonriendo como la muerte le sonríe a todos los que la buscan con desesperación. No pudo ver más.

El desgraciado muchacho despertó en una improvisada enfermería; sin recordar cómo había llegado al camarote del capitán, y sin tener noción de las palabras que no dejó de repetir hasta que lo encontraron allí, desparramado y completamente loco. Por obra de la casualidad, la tripulación del Ballester fue socorrida por la nave exploradora Escalada, cuyos médicos se encargaron de atender a los ignotos heridos.

Así como la calma siempre es inequívoca señal de una sucúbica tormenta (y viceversa), los ominosos sueños también terminan siendo la antesala de confesiones de un muerto que aún tiene la desgracia de respirar. Fue el infortunado cocinero quien debió soportar el peso del pasado, y oír todo lo que su antiguo compañero de aventuras vivió en la inmensidad de la noche del Mar de Baraja. Darío no comprendió ciertos aspectos, absolutamente impersonales; la gran mayoría de las situaciones quedaron libradas a la más libre interpretación ante la ausencia de detalles. Durante esa conversación recordaron la tempestad inenarrable, la fiebre alucinatoria de extraña procedencia, el resplandor de la luna mientras las olas descuajaban el viejo casco de la nave blanca, que de blanco no tenía nada, el vuelo celestial de un ser que no pertenece a este mundo, aquellos pequeños ojos de intensa compasión y perversidad, la inolvidable voz socorriendo a la mismísima locura, la sonrisa preciosa en el rostro más perfecto, y, por sobre todas las cosas, la caótica montaña de mandarinas que con impiadosa furia sobre la cabeza de Navarro cayó, desolador estigma de la última desgracia.

Written and Posted by Cesar de la Luz
Dedicated to Zaira Nara

viernes, 5 de agosto de 2011

Entrevista exclusiva a los TeenAngels: “Le vendemos droga a los chicos en el teatro”

Somos locas.
Elisa Carrió & Ma. Eugenia Esttensoro [CC-ARI Spot]

Aguante Agosto.
Agustín Impagliazzo

Lo inesperadamente esperado - Offtopic

Cuando llegó a oídos nuestros la vuelta de la banda juvenil por excelencia a los escenarios porteños - para rellenar las recién terminadas ‘vacaciones de invierno del espanto’ - se produjo una colisión de sensaciones en el seno de la hermandad zenkiana. Primero, una sensación de inseguridad tremenda, como diría Anibal F. Luego, nos invadió, como no podía ser de otra manera, una llameante y lamentable indiferencia. La siguiente impresión también fue de indiferencia, pero mucho menos acentuada, ya que para esa altura del partido teníamos cosas más importantes con las que lidiar. La tercera y última de las impresiones fue una fantástica curiosidad: cómo era (es) posible para un grupito de cinco boluditos - que no saben ni cantar ni bailar ni respirar ni vivir ni nada - alcanzar un éxito tan insólito, mientras grandes como Ricardo García o Cacho Castaña son ninguneados a diestra y sinuriestura (Masita-chan dixit) y mueren de pena a la par de Tank? Esta banda representa, además, un negocio turbio, en detrimento de pobres padres que no tienen más remedio que ceder ante los pedidos desesperados de sus retoños. Y si bien están en todo su derecho como hijos, podrían pedirles otras cosas: un libro de Stamateas, un calendario de Playboy, una Exquisita, un poster de Misato, o incluso una entrada para escuchar y ver como ladra Bono…

Entonces, no fue complicado superar el límite de sensaciones, y así reemplazar – con inhumana velocidad - la inocente curiosidad por una avaricia despiadada. No hace falta aclarar que aquella avaricia nada tiene que ver con dinero, bonos, propiedades, etc. Simplemente quisimos alimentarnos del odio que ya nos tienen, utilizándolo para sembrar aún más rencor. La forma era muy simple: obtener una nota con los TeenAngels, uno de los inventos más fastuosos de la historia de la humanidad.

Tan solo bastaron un par de llamadas del señor Roberto Fantini, experto en cobranzas, para encontrar a quien amenazar. La victima en cuestión no fue otro que Toto Etchegaray, ex piloto de TC y actual representante del grupo juvenil, amante de la saga Crepúsculo, de Naruto y el olor a nafta de las estaciones de servicio Shell. Su deuda con Tarjeta Naranja nos permitió un pequeño intercambio de favores: el Toto nos entregaría una nota exclusiva con los TeenAngels a cambio de perdonar su deuda, que al momento de la ‘extorsión’ ascendía a $18,73.

Temeroso de perder su legendario Falcon blanco de Turismo Carretera, el anciano representante mostró su satisfacción tras el acuerdo, facilitándonos hasta lugar para la entrevista... Tamaña sorpresa cuando RF nos informó que la misma tendría lugar en el Teatro Gran Rex, donde han actuado lacras innombrables, incluyendo estos cinco billetes parlantes. Los preparativos comenzaron al instante, con la imposibilidad de la presencia de Carlos Guzmán, que continúa vetado de aquel teatro tras protagonizar graves incidentes en un concierto de Pimpinela en el año 2008. La vasta (nula) experiencia de LHDZ a la hora de realizar (pseudo) notas potenciaba (disgregaba) la confianza, y espantaba (atraía) el horror. Claro que había que tener en cuenta un punto importantísimo: no conocíamos ni los nombres de los integrantes de la banda. Es así que tuvimos que invertir una decena de horas para poder aprenderlos; mucho más tiempo del que empleamos para (intentar) aprender Hiragana…

Como un patito feo que es apartado de la prestigiosa y adinerada Sociedad de los Patos, nos sentíamos totalmente al margen del universo adolescente, motivo por el cual no podíamos concebir un repertorio de preguntas acorde a la situación. Entonces decidimos, tal y como lo hiciera Macri para su campaña, salir a la calle a tocar timbres; en sentido figurado, claro. Si el argentino promedio no le abre la puerta ni a los del correo por miedo a lo indecible, mucho menos van a abrírsela a completos desconocidos, bichos de otoño. Con la vía pública como límite, optamos por un ambiente más placentero, relajado y perfumado; y ese lugar solo puede encontrarse en el derruido y antiquísimo subte porteño, más precisamente en la línea B, la línea comunista. Tras una función de mierda de los susodichos TeenAngels en el Gran Rex, la estación Carlos Pellegrini (que próximamente se llamará Carlos “jugador del pueblo mis pelotas forro de mierda y la re concha de tu puta madre” Tévez) estaba atestada de jovencitas. Portando posters con forma de foto y fotos con forma de poster, pintadas hasta la medula, con una cantidad de abrigo totalmente innatural, sonrientes tras ver a sus ídolos, eran las víctimas perfectas para el posible muestreo de posibles preguntas posibles. Y así se hizo. Un grupito de cuatro nos facilitó material suficiente como para elaborar preguntas acordes al prestigio que LHDZ (no) poseen. Vamos a pasar por alto un hecho: el grupo de chicas era de cinco, pero una se asustó por nuestra apariencia andrajosa y salió corriendo, arrojándose delante de una formación que tenía rumbo ‘Los Incas’. Al parecer mucho cariño no le tenían ya que ninguna fue capaz de evitar la ‘tragedia’, o siquiera de derramar una lágrima por su compañera muerta.

Con el cuestionario ya elaborado, y pasados algunos días, nos dirigimos hacia el Gran Rex en una pequeña camioneta verde contratada por el Toto Etchegaray. Arribamos al lugar de la entrevista aproximadamente a las dos de la mañana, con la certeza que a las dos y media estaríamos durmiendo en casa. Un sueño que se hundió junto con una horda infinita de Bullfrogs. Finalmente CG pudo conseguir un amparo de la Corte Suprema (lo compró en MercaLibre) para así ingresar al teatro.

La calle Corrientes estaba desprovista de los habituales y humildes recogedores de cartón. La sorpresa era que adentro estaba lleno; lo digo por los cinco TeenAngels, que vestían las ropas más harapientas de la historia de los harapos (superándonos). La bienvenida fue más bien reseca. “Todavía que venimos a hacerles una nota no me regalan ni una botella de vodka de marca… que conchudos”, dijo RF. Carlos contestó: “quédate tranquilo que me voy a robar los espejos de los baños del teatro para después venderlos por MercaLibre”. Solo pude mearme de la risa.

Aun imperaba la suciedad en la sala donde horas antes miles de millones de adolescentes bailaron y cantaron hasta la muerte (que nunca se dio). En el medio del escenario fueron colocadas nueve sillas: una para cada miembro de la banda, una para cada hijo de Zenki, y una última para el Toto, que insistió en asistir a la entrevista. Antes de pasar a la nota en cuestión, vamos a presentar, para algún desprevenido que no sabe nada de la vida y de la muerte, a cada uno de los TeenAngels, utilizando la siguiente fotografía. De izquierda a derecha: Tocho (Diego Armando Forlán), Mar (Lali Bongio), Mehago (Peter Gabriel), LaNueva (Lola Bongio) y Rata (Rodrigo Rodríguez Saá).


EL CUERPO DE BENITO by ROBERTO FANTINI

Veamos:

LHDZ: De verdad ustedes son famosos?

MAR: Qué te pasa pelotudito? Me estás jodiendo? (levantándose y apuntando con lo que parece ser su dedo índice)

TOCHO: Todo tranca papi. Y… nada… a gracias estamos en Dios un momento bárbaro de carreras nuestras. Agradecemos que terminara el programa de TV de una vez puta. Desde que empezó me pareció una soberana pelotudez. Ahora podemos chorear todo tranca papi sin tener necesidad de estar atados a ese canal de Telefe que es mierda. La fama era cuestión después de minutos que salió la primera canción. Nos inspiramos en los Cebollitas… y acá estamos… puro Armani. (N. de la R.: no hubo error de tipeo, dijo exactamente eso)

MEHAGO: Lo que quiso decir Tocho es que nos da felicidad darle un poco de alegría, hacer cantar y bailar a tantos chicos que perdieron el sentido del oído hace un tiempo. Y aunque nos duela el orto después de hacer ochenta funciones en una semana, sabemos que acá está la guita.

LANUEVA: Yo no tenía ni idea de qué se trataba todo esto de los TeenAngels. Siempre me pareció una chotada. Pero después la otra puta se fue de la banda y tenían que rellenar, así que me pusieron a mí, aunque muchos todavía no se enteraron… Por suerte a mí no me piden ponerme en bolas arriba del escenario como a la trola esa. La cagada es que nadie se fija en nosotras dos (señala a Lali Bongio). Ya no quedan hombres…

RATA: … (se escarba la nariz mientras mira hacia la mismísima nada)

LHDZ: A quién votaron? A Macri, a Filmus, o a SuperPino?

MAR: Qué te pasa pelotudito? Me estás jodiendo? (nos damos cuenta que en ningún momento se había sentado a pesar de la altura alcanzada)

TOCHO: Mirá, yo no voto en la ciudad porque tengo domicilio. Pero si hubiese en la provincia tenido que hacerlo Filmus hubiese votado a. Su propuesta de demoler el Rex y poner un Gran puterío me encantó. Todo tranca papi. No me banco a de al Pino facho ni Macri. Con Cristina vamos para. Con el resto adelante iríamos para atrás. (N. de la R.: no hay error de tipeo)

RATA: Yo vivo en San Martín de Mierda; ahí no se vota más porque no hay escuelas. Cuando vuelvan a hacerlas, espero que Pino se presente en la Provincia. Es un genio. Es re consecuente: hacía películas chotas, y sus ideas políticas también son una chotada.

MEHAGO: Yo me voy a postular como legislador la próxima: ahí está la guita.

LANUEVA: A mí no me gusta votar porque el ‘cuarto oscuro’ no es oscuro. Mirá si tienen cámaras en las aulas y ven a quién votas y todo eso… Además las urnas en lugar de ser lindas, de colores llamativos, son re feas y amargas. Y las autoridades de mesa a veces te desnudan con la mirada. Ahora que si me preguntás por Macri, Filmus o Pino, me quedó con Lilita.

LHDZ: Qué significa Cris Morena en su vida?

MAR: Quién, pelotudito? Me estas jodiendo? (Tocho le mete un codazo en el origen (0;0;0) de la cara. Lali Bongio se abalanza hacia atrás y cae inconsciente, tal vez muerta; nadie en el teatro reacciona)

TOCHO: (sacudiéndose el brazo) Muy ella fue importante y nosotros. Para fuimos muy importantes ella. Para gracias a Cris logramos la fama universal. Gracias a ‘Casi Ángeles’ ella se llenó los bolsillos de plata y oro. Para como es mí una madre. Y yo soy como un de ella puta para hijo.

MEHAGO: No conozco a Cris Morena personalmente. Sola la vi en fotos.

RATA: Esta buena la vieja esa. Pero es parte del pasado. Ahora Toto (golpea graciosamente la pierna de su representante, que sonríe a continuación) nos está llevando a otro nivel; antes llenábamos 20 Gran Rex con un elenco de 120 personas. Hoy llenamos 400 nosotros cinco nada más.

MEHAGO: (de nuevo): Acá está la guita…

LANUEVA: Yo entré más tarde a la tira y fue gracias a Cris. Pero después empezaron a desvariar con la historia y me calenté. Nos agarramos a trompadas (N. de la R.: de los pelos) después de una escena en la que tenía un sueño donde tenía un sueño en el que soñaba que yo soñaba con mi propia muerte… dentro de un sueño. El guión era una poronga.

LHDZ: Por cierto, cómo fue eso de la Isla de Agumón o como sea? Qué intentaban hacer los escritores? Perder audiencia?

MAR: … (continua derrumbada en el piso)

LANUEVA: Es lo que te decía recién… Todo giraba en torno a lo onírico, lo ominoso (todos sonreímos) y poderes que de repente teníamos. Había embarazos mentales entélicos y cosas raras. En una ocasión pregunté por qué siempre estábamos en guerra, pero no se veía un tanque, un chopa, o incluso algún Kirov (CG comienza a dibujar un Kirov en su cuaderno). Honestamente hicieron cualquier cosa.

MEHAGO: Cuando se fue Emilia, además de perder atractivo sexual, la tira tenía que mostrar como el tiempo pasaba sin pasar. Entonces nació esta idea loca. A mí me dijeron que la guita estaba acá, así que acepté hacer cosas incomprensibles. Lo lamento por los que se tocaban cuando veían a Emilia.

RATA: Aguanten que voy al baño (se levanta y enfila hacia las butacas, con una imagen de Emilia Attias en la mano; si existe, solo Dios sabe que estaba haciendo).

TOCHO: (mientras patea el ‘cadáver’ de Mar) Qué se yo... A mi última temporada Cris groso me dijo que algo se venía en la. Los chicos y chicas que nos veían al principio habían madurado y necesitaban algo más complejo; no podíamos seguir con los mismos guionistas. Nos gustaba si nos preguntaban la onda de tener visiones y todo eso todo tranca papi. A mí me pareció medio pelotudo pero le dimos para atrás. Adelante de toda gran obra hay grandes nosotros y los mejores teníamos a escritores: Biorges, Cortasur, Sábado, Verga Llosa, estaban todos. Y ninguno desentonó. La Isla de Agumón… no sé… terminó ‘Casi Ángeles’ y nunca supe qué era…

MEHAGO: (interrumpiendo, nuevamente) Yo leí un poco del libro. Me re copó. Es un perfecto regalo de cumpleaños.

LHDZ: Es un libro perfectamente de mierda. Bueno, esta pregunta va más bien para los chicos: alguna vez se les ofreció alguna pibita?

RATA: (viene del ‘baño’, con el cierre abajo y los pantalones… más abajo): No, para nada.

TOCHO: Qué no?!?!? Todo tranca papi. Antenoche se me tiraron dos de 10. Es como una de 20. Decí que tenía que ir al dentista, que si no se armaba la fiesta loca (RF se tapa la cara de indignación. CG se tapa la cara mientras llora de risa. Yo no tengo cara).

MEHAGO: En la última función, hace un rato, una a la que le firmé un autógrafo me dijo ‘si me firmas te regalo un chupetín’. Ahora que lo pienso, van varias veces que me lo dicen. Pero yo amo a mi novia. Y también a mi ex. Y a mi otra ex. Y también amo el rugby… y a mis compañeros…

LHDZ: Última. Hace unos días, en una cámara oculta de un programa de América, se mostró como se vendía droga a pibes en los baños del teatro. Era este teatro, o el Citi de enfrente?

MAR: … (se levanta por fin)

LANUEVA: No sé nada. Si no hubiese comprado…

MEHAGO: Se, nosotros les vendemos droga a los chicos en el teatro: ahí está la guita. Uh…

TOCHO: Boludo, tengo que ir a entrenar para bailar en lo de Tinelli!

RATA: Te acompaño que quiero ver a Pamela Anderson…

MAR: Dónde está la bolsa de merca que tenía en el bolsillo???

Rápidamente, Toto se levanta y anuncia el final de la nota, agradeciéndonos por el servicio prestado. En medio del escándalo, nos retiramos de la sala principal del teatro Gran Rex. Muchos pensaran que abandonamos el lugar satisfechos. Pero la realidad es muy distinta: salimos con un hambre de la re puta madre, sin yakitori ni kare raisu para comer. Resignados, convenimos ir al McDowell’s que está las 24 horas abierto.

Al salir, sucedió algo muy curioso. En lugar de la calle Corrientes, se nos apareció un bosque totalmente desolado. El silencio era ensordecedor. La bruma cubría los suelos. La arboleda muerta hacía invisible el horizonte. Incluso hoy parece un mal sueño, una pesadilla de proporciones dantescas y copiosas. Estoy hablando de la entrevista, claro.

CEBOLLITAS SUBCAMPEÓN!!

Freaked and Created by Carlos Guzmán, Roberto Fantini and Cesar de la Luz
Written and Posted by Cesar de la Luz / Picture by Roberto Fantini
Dedicated to Gabi Michetti and Juanita Viale

jueves, 28 de julio de 2011

La historia sin fin

Lenta, pero inexorablemente, arrastrándose sobre mi conciencia e imponiéndose a cualquier
otra impresión, llegó un temor vertiginoso a lo desconocido, […] no la muerte,
sino algo sin nombre, un ente inusitado indeciblemente más espantoso y aborrecible.
H.P. Lovecraft [The Crawling Chaos]

Anime Friends 2011 – Review Eventos

Parte I: La Culpa de Dios

Con trepidante y melancólico paso, un hombre bordea la costa más helada del mundo. Con la mirada perdida en la inmensidad del río - que una vez fue mar, que fue dorado ayer y hoy plateado es - se pregunta el porqué del súbito desenlace de su novela tristemente hermosa. Trescientos sesenta y cuatro días han pasado, y todavía anhela encontrar la respuesta, bajo el brillante manto infernal que cubre el frágil mediodía. “Tanto ha pasado?” se pregunta. Pero para aquel desgraciado, inmerso en la sagrada infelicidad, era evidente que el tiempo había reptado sobre movedizas arenas de desesperación.

En sus manos descansa un objeto que siempre supo, nunca entregaría, incluso antes de llegar a este mundo. Y recuerda aquella mesa maldita en la cual le tocó sentarse; recuerda las nubes negras que se posaron sobre su alma mientras oía el alarido del muerto; recuerda su ascenso en penumbras por las escalinatas laberínticas; y recuerda el ajeno sueño donde se anunciaba el momento del fin. Inocentemente, buscaba consuelo a orillas de un río, que una vez fue mar, que fue dorado ayer y hoy plateado es.

Intentando recuperar la esperanza, arroja la pequeña caja nunca entregada, bajo la atenta mirada de ignotos pescadores de hombres, y decide partir, abandonando por toda la eternidad, en el fondo de aquella alfombra putrefacta, el ominoso objeto, su infinita pena y sus últimas lágrimas de odio.

Con la tristeza ahogándose bajo un millar de galones de agua, el desdichado regresa a su hogar, en los confines del mundo, a bordo de un transporte tan verde como una mandarina podrida, ansiando ver al día siguiente, a los caballeros de la salvación. La frenética melodía anuncia un venturoso porvenir, en el cual depositó su restante existencia, la que había logrado salvar el día de su muerte. Pero entonces apareció un enemigo mucho más macabro - cuya inagotable botella de rencor desbordaba infamia - para destruir sus infantiles ilusiones. Algunos le llaman Creador; otros, Señor; lo cierto es que la gran mayoría lo conoce, simplemente, como Dios.

No está en discusión su existencia: las quiméricas evidencias lo demuestran con creces, así como denuncian las ansias de Aquel a la hora de derrumbar los castillos de cordura y redención erigidos por los débiles seres humanos. Para Él no existen justos ni pecadores; todos son solitarias ratas apestosas que rellenan su laboratorio divino. Los coros celestiales lo aclaman, y los humildes terrestres lo padecen. Cuando el río parecía haberse tragado todo desconsuelo, éste sale a flote nuevamente, transformado por la gracia de Dios en un imparable y ciclópeo Golem azul que arrasa la ciudad dentro de los corazones. Fue Él, con toda seguridad, quien cernió la maldición que convirtió un hermoso colegio lleno de amor, de paz y bellos recuerdos, en una ciudad dominada por el caos y la agonía. Fue Él, quien convirtió al radiante Instituto San Antonio, en Kosovo, donde se llevó a cabo Anime Friends 2011, el evento donde concluyen los miedos grises y la festiva realidad oscura.

Parte II: La Caída de los Ídolos

Este formato, un tanto particular, de reseña responde a motivos más bien organizacionales; habiendo sido una convención de dos días, con gran cantidad de actividades y artistas, era necesario mantener cierto orden de los acontecimientos. Al mismo tiempo, la extensión de la presente nota (en consonancia con la ilimitada e inhumana bataola de sensaciones) es un tanto mayor a las anteriores, y requería la división por capítulos. Además se me cantaban las pelotas.

En honor a la verdad, que suele ser letal y cruel para todos, siempre inevitable, AF2011 - publicitado como el ‘evento del año’ por sus organizadores, los súper denostados colegas de Yamato Argentina – fue una de las peores convenciones de las que se tenga registro (mental). “Más de lo mismo” sería la expresión más correcta. Es así que podría tranquilamente copiar y pegar la reseña de la edición del 2010, y prácticamente no habría diferencias (salvo por los invitados internacionales y los ponderables alienísticos); sucedió exactamente lo que se esperaba que sucediese, de la forma en la que se esperaba que sucediese, en el momento en que se esperaba que sucediese. Aún me pregunto si esta tremebunda y repetitiva previsibilidad superó a las visiones zenkianas sobre el ‘fin de todo’ de noches anteriores…

Lo cierto es que los denominadores comunes del sábado 23 y el domingo 24 de julio fueron el inefable aburrimiento y la malsana apatía. Con mínimas excepciones, la totalidad del evento estuvo surcado por la incredulidad: “cómo es posible que pase esto, otra vez?”. La historia sin fin. La luz al final del túnel, se llamaba Nobuo Yamada, pero su trabajo fue el de un obrero solitario que intenta erigir, él solo, uno de esos castillos de cordura dentro de la ciudad desolada de los corazones humanos. No fue suficiente con el show principal de AF; sin atracciones mayores, con el dominio de la obviedad, el puntaje de la convención se fue al mismísimo ‘sótano de los puntajes’. Y no fue solo NoB quien cayó en la mediocridad, sino que otros ídolos – amados y respetados por eones – súbita e insólitamente, ingresaron en una bolsa negra de la cual siempre ha sido más fácil salir que entrar…

Paradójicamente, la cantidad de público que se hizo presente ambos días fue extraordinaria; y el clima fue perfecto, casi sin nubes (solo una negra, ominosa e indeciblemente inconmensurable, únicamente vista por aquellos que están muertos en vida y muertos en muerte), con una temperatura ideal. Esa sí fue una diferencia con la edición 2010, que padeció una hermosa lluvia el día domingo. En fin, a partir de ahora, con la iluminación e iluminismo del legendario don Julio Humberto Grondona, pete de la AFA, trataré de explicar el porqué de mis críticas iniciales y de mi gigantesca desidia.

El sábado, el Instituto San Antonio de Mierda, habitual guarida de Yamato, abrió sus puertas a la inmensa cantidad de gente - que esperaba con ansias ver como la historia cambiaba - a las once de la mañana. La cola de dos cuadras se extinguió en cuestión de segundos gracias a los 30 miembros del staff en la entrada (punto a favor de la organización, que mantuvo el control en ese lugar aún en horarios de cierre). Lo primero que llamaba la atención era la inmensa parrilla (Tévez, Pastore, Agüero) en el flanco izquierdo del colegio. Si bien los precios eran exorbitantes, la comida parecía conservar cierta calidad (es decir, suciedad). La distribución de stands fue otro acierto de Yamato; la cantidad de expositores fue directamente proporcional a la congestión de público (con excepción del ‘pasillo de la muerte’) lo cual tranquiliza a quienes se dedican a dar vueltas y vueltas con el único objetivo de ‘ver pasar el tiempo’. El escenario principal, sin tráiler a la vista, también fue algo para destacar: armado para paliar cualquier tipo de anomalía climática y dotado de una pantalla dantesca, que lo único que hizo fue proyectar basura verde y copiosa. Lo de siempre.

LA SELECCIÓN ARGENTINA

Nuevamente, el encargado de animar y calentar al gélido público fue el líder todo poderoso y salvador de los Parraleños. Podrán imaginarse el resto.

Párrafo aparte merece el mural que había pasado desapercibido para este hijo de Zenki las anteriores visitas a la derruida Kosovo. Aquella obra maestra solo puede ser comprendida en los sueños más macabros, y comparada únicamente con obras de autores cadavéricos que pasaron a la inmortalidad luego de realizar su máxima labor. Su diseño es tétrico, y el leitmotiv, muy confuso. Una tambaleante ciudad surcada por personajes espantosos; un guía malevo que conduce al caos último; un fondo incomprensible y demencial. Sencillamente un disparate de mural para una escuelita.

LO OMINOSO

Más allá del nuevo tesoro zenkiano, lo primero para destacar fue el Animeke. Las figuras fueron dos muchachos, que con más coraje que calidad, interpretaron para el orto sus canciones: el primero de todos, ‘cantó’ el OP de High School Of The Dead - siendo una voz femenina el original, su versión se tornó insoportable, pero hasta poco antes del final hubiese aventurado a que ganaba; el último en subir al escenario fue el gordito de siempre, cuyas manos y voz articularon Butter-Fly (Digimon) desastrosamente bien. Palmas para ambos por el valor. La verdad es que no sé quién carajo ganó, pero poco importa, puesto que la diversión estaba asegurada… y la mesa, servida.

Entrada la tarde, hizo su aparición el artista visual del nuevo milenio, transformista de pura cepa: Kaya. Necesitaría dos o tres reseñas para intentar explicar cómo es que este muchacho NO es una chica. Es decir, es una mujer. Solo un indecible permitiría demostrar lo contrario. Pero dejando eso de lado, y a pesar que le di la espalda la mayor parte del show, puedo decir que hizo un muy buen trabajo, sobre todo por el vestuario sublime y las coreografías nada improvisadas. En cuanto a su voz, bueno… digamos que aprueba ahí nomás.

Por razones de fuerza mayor, no tuve la posibilidad de ver a m.o.v.e., así que, como siempre, tendrán que contentarse con opiniones ajenas al blog de LHDZ. Y con la caída del primer ídolo, se terminaba el sábado de Anime Friends 2011, con gusto a poco, con visiones y sueños confirmados, y con nubes horriblemente negras que anunciaban lo peor para la última jornada.

El domingo comenzaría de la mejor manera: encontrando gente indeseable en lugares indeseables. Por el resto, y tras comprobar que todos los stands tenían la misma merca indigna e indignante, enfilamos con RF hacia las fauces de Lafauci; es decir, rumbo al escenario principal de AF. Lo primero que pudo verse fue a un par de chicas, miembros de ‘Who’s that?’, bailoteando al son del K-pop. En esta banda hizo su presentación ‘el arbusto’ :P Los golpes llegaron cuando Sakanashi-sensei y compañía ingresaron para la exhibición de Aikido. Ya sin Pino, fallecido hace pocos días tras el tercer puesto en las elecciones para Jefe de Gobierno de la Ciudad, tuvieron que recurrir a la potencia de los gordos para paliar su ausencia. Y lo lograron con creces. A continuación, aparecieron tres chicas que se encargaron de 'calentar' el ambiente con anime songs. Por supuesto, como es sana costumbre en este blog, no tengo la más puta idea cómo se llamaba la banda lol. Sí pudimos reconocer a Hitomi, la líder, que hizo una tarea francamente suprema en contraposición con sus compañeras. No voy a hacer mayores comentarios sobre lo linda que es.

Aproximadamente a las 16:15 comenzó el bodrio total. Los hijos de puta de R-Proyect (nombre re choreado) - liderados por el pescado metalero de siempre y su air-guitar de cuarta - salieron para dejar a todos sordos y completamente somnolientos con sus canciones de series sentai que NADIE conoce. Por suerte, no duraron mucho: los sacaron cagando por orden de alguien (Dios, seguramente).

El show más esperado del último año por el fandom, Super Friends Spirits, versión 2011, comenzó minutos después de las 16:30. La premisa para éste, siempre ha sido mechar a los artistas y glorias niponas con el Jardi. Esto es y será así por un largo tiempo, digamos unos 6, 7, 8 años. La edición anterior prometió tres horas, pero no duró más de una hora y media. Esta cumplió con el tiempo pactado, pero no con las expectativas. El encargado de abrir el concierto fue Takayoshi Tanimoto, primerizo en Argentina, con Dragon Soul, OP de la detestable y merdosa Dragon Ball Kai. Con mucho amor propio y más fervor por parte del público del esperado, hizo un trabajo muy destacado. Su repertorio de movimientos demostró el gran momento por el que está pasando Fabián Gianola, sin paralelo en el personaje que entraría unos minutos después. El siguiente fue el Ladri, Ricardo Cruz, que entró con lo que SIEMPRE entra: Soldier Dream. Lo de siempre. Y aunque ponga alma y vida en cada robo, es un poco cansador. Con el tifón brasileño se acabó la joda, tal y como se acabó el viernes 1° de julio. Al ritmo destructivo de Pegasus Fantasy apareció el hombre de las mil boas, el hombre de la última bichificación, Nobuo Yamada. Revestido en cuero, con excepción de la totalidad de su manga derecha, incineró a los helados habitantes de la tétrica Kosovo con su música ominosa. Aunque la versión despertó a los muertos y sacudió los siete mares, quedó muy lejos de la leyenda de Tokyo Weekend 2008, miles de veces expuesta por LHDZ. A todo esto, la nube negra comenzó a hacer su aparición, al mismo tiempo que el piano comenzaba a afinarse para la melodía del infierno. Temas de su raro proyecto, el recontra repetido Haruka Kanata del Jardi, y más mierda de DB Kai completaron la faena. En realidad solo quedaba tiempo para Blue Forever, que se comió todo. El ‘momento de la galería’ se acercaba lenta pero inexorablemente.

La obvias y repetidas muestras de cariño para con el público por parte de NoB y Tani lograron conmover al ignoto público que respondía solo a las traducciones de Curusho. Todo terminó con otra versión de Pegasus Fantasy, ahora con todos sobre el escenario del San Antonio. El saludo y el final. Ricardo apagó la luz y comenzó la desconcentración. La nube ya no estaba, o eso parecía. Por cierto, se vio a un Nobuo un tanto apagado, cansino, quizá por el trajín del viaje: el día anterior habían estado en Chile. Tani fue el que mejor impresión dejó, con una gran voz y un incansable griterío. El Jardi, otro mundo: esta vez, a su arenga legendaria, le sumó un lamentable movimiento de piernas, bien a lo Michael. Insólitamente gracioso.

Parte III: Lágrimas de Dulce de Leche

La crueldad no tiene fecha de caducidad. Nunca la tendrá; haciendo imposible el ejercicio del olvido. Sin embargo, como decimos siempre desde este blog de perdición, de no existir la insana maldad, el desparpajo materialista, el voraz individualismo, no podríamos disfrutar del odio que todo lo puede. Pero eso nada tiene que ver con AF, así que...

Luego del buen show brindado por el trío, era deber del parraleño acallar a las tímidas fieras, que de por sí estaban en silencio. Tras un escueto anuncio (creo que promocionando nuevamente a X-Japan) regresaron los conchudos de R-Proyect, que debieron de sorprenderse al ver las espaldas de todos los que habíamos disfrutado del Super Friends Spirits. Un breve descanso, y a esperar el cierre meteórico de la convención: el concurso de Cosplay, que sería lo más gracioso de día domingo, como casi siempre.

Varias situaciones llamaron la atención, pero manteniendo un ápice de previsibilidad. Entre ellas, la increíble cantidad de participantes del espectro Bleach-One Piece-Resident Evil. Deberían limitarles el orto a esos forros. No faltaron tampoco, los pelotudos que solamente se dedican a bardear. ‘Mucha ropa’, ‘putooo’, ‘andá a laburar’, y demás epítetos incomprensible se oyeron de aquel grupo de tarados, muy lejos del escenario, claro (encima cagones). La producción de algunos disfraces fue soberbia pero poco premiada por el público, más bien ávido de carne que de otra cosa. Entre todos los participantes hubo una chica que hizo una demostración de moe gigantesca al largarse a llorar sobre el escenario (Mio-chan), aludiendo ‘estar nerviosa por ser su primera vez’. Tierno y a la vez totalmente insólito. Y cuánto dulce de leche se tuvo que sacarse de encima el pobre parraleño para levantar el concurso! A pesar de las ausencias de Don Ramón y el Chavo, el cosplay estuvo bueno. De ganadores y perdedores no hablemos porque antes de los resultados ya estaba en la calle.

La noche había llegado. El daño era ya irreversible. El 96 tardó años en aparecer. La vuelta se hizo esperar. El alien continúa venciendo. Lo mismo de siempre…

Qué complicado se hace encontrar un equilibrio y un bienestar mental después de semejante sucesión de dislates. Qué triste es pensar en un mañana cuando se sabe que éste no existe. Qué gracioso es estar equivocado, saberlo, y aun así estrellarse contra la pared de decepción erigida por los dioses de la muerte. Qué espantoso es depositar las pocas esperanzas en un ideal que se derrite con el fragor de la batalla. Qué inmundo es prescindir del camino de asfalto y, por gusto, atravesar los pastizales de la soledad para alcanzar el eterno descanso. Qué cínico es soportar un evento insoportable, con el peso de la repetida historia sobre los hombros, y solo inmutarse por el movimiento suave de los cabellos color miel. Qué sagaz es mirar hacia la izquierda y alegrarse por la bruma de la mañana. Qué desolador es perder algo y no tener el más mínimo reparo en intentar recuperarlo. Qué insólito es presenciar la decadencia de un ídolo, corrompido por su propia locura, idiotez e inseguridad. Qué bueno es estar muerto. Y qué mierda que Yamato no se dé cuenta que es hora de un cambio radical (Alfonsín 2011); de otra forma las convenciones perderán lo poco de frescura que les queda, perderán la buena cantidad de público que aún pueden captar y, sobre todo, perderán la posibilidad de traer nuevos y mejores artistas nipones a estas tierras, de olvido y perdición.

Es así, que podemos llegar a conclusiones tan obvias como desafortunadas: AF2011, el ‘evento del año’, ha sido otra muestra de la inhóspita monotonía en la que los otakus hemos caído; ha confirmado la crueldad de Dios; ha sido un nuevo capítulo de aquella ‘historia sin fin’; y ha dejado una estela de confusión que difícilmente se disipe en el corto plazo. Los 0,73 zenkos de puntaje creo que están más que justificados. Al que no le guste, que se mude a Santa Fe y vote a Miguelito del Sel en el 2015

QUE RESEÑA DE MIERDAAAAAAAAAAA!! (como siempre)

Written and Posted by Cesar de la Luz
Dedicated to Nico Meca

domingo, 17 de julio de 2011

La mesa esta servida



En algún lugar lejano había una isla de mierda. No tenía nombre. No valía la pena ponerle ninguno. Era una isla de mierda con forma de mierda. Allí crecían palmeras con forma de mierda. Y las palmeras daban cocos que olían a mierda. Pero allí vivían monos de mierda que adoraban los cocos que olían a mierda. Y cagaban mierda de mierda. La mierda caía al suelo, aumentaba la capa de mierda y las palmeras de mierda que allí crecían eran cada vez más de mierda. Un circulo vicioso....Mirándote, me he acordado de la historia de la isla de mierda..
Haruki Murakami [Crónica del pajaro que da cuerda al mundo]

El reloj marcaba las 6 de la tarde de un día gris. Quizás, recorriendo la historia completa, nunca hubo un Domingo más gris que ese. Sin embargo, en un recóndito lugar que ya no existe, no había grises. Todo era negro absoluto. Era un día frió pero sobre todo, silencioso. El silencio lo cubría, lo asfixiaba, era total. Lo único que producía algún ruido ese Domingo era el tono del teléfono y el sonido que hacían sus teclas cuando marcaba su número. Pero una vez que la llamada era atendida, el silencio volvía a reinar en el lugar. Tal vez, con suerte y muy esporádicamente, se dejaba escuchar algún sonido, algo que parecía un suspiro, algo que se parecía a un “si”, a un “no”, pero principalmente lo único que se escuchaba era “no se”. Y una vez que eso era pronunciado, el silencio reaparecía. Y era todo un suceso y un logro al mismo tiempo, puesto que la mayoría de las llamadas no eran atendidas.

Darío no podía entenderlo. No sabía cuando había cesado la música, las palabras, los sonidos, dando lugar al infinito silencio que lo dominaba. O mejor dicho, si lo sabía. Sabía perfectamente cuando inició, donde e incluso sabia por que (o por quién). Pero no quería. No. No quería aceptarlo. Y tampoco quería aceptar el último recurso que quedaba, esa “solución” que venia pensando y procesando hacia días, incluso semanas y, pese a lo contradictorio, para el solo significaba muerte. Resignándose, terminó por hacer lo que venia haciendo últimamente: dejar todo para después. Ni lo imaginaba. No sabía lo que se venía. Una tormenta, “el caos definitivo”. Se metió en la cama, cerro los ojos y huyo a ese mundo, a ese paraíso donde la historia era muy diferente a como venia siéndolo en el mundo real. Y fue ahí, en ese momento, entre sueños, cuando lo deseó. Cuando deseó dormir para siempre…

[…]

El frío era de otro mundo. Helaba, y en mas de un sentido. Miró a su alrededor: una clásica escena solo vista en las más deprimentes películas. Allí todo era infelicidad, tristeza, muerte. Se sentía solo. Una vez más, se sentía completamente solo. Pero a unos metros de donde se encontraba, el panorama parecía ser diferente. O por lo menos eso reflejaba la estructura circular que se había formado ahí, a nada de distancia. Se escuchaban risas, se escuchaba una guitarra, se escuchaba algo parecido a la alegría. Pero que iba a saber Darío de todo eso. El estaba en un mundo aparte.

No obstante, en ese exacto momento cuando planeaba levantarse, dar media vuelta y escapar, alguien se acerco. Alguien se dio cuenta de todo y se acercó al cadáver. Pobre de el. Esa tarde, Darío lo abrumo con sus problemas, pero eso solo sirvió para aplastar a quien lo venia escuchando y sufriendo palabra a palabra. No ayudó en nada a resolver el rompecabezas. En su mente solo seguía girando una frase, una pregunta, un enigma: “¿por que?”. Una pregunta que no se podía responder en ese momento y que, por cierto, tampoco tendría respuesta horas mas tarde, cuando su desgracia se viera rodeada de paredes color salmón. Y no, aun hoy no tiene respuesta alguna.

[…]

Río de Janeiro. Estaba acompañado pero poco le importaba. La ira que sentía en ese momento era única. Y a la vez estaba anonadado. Hacia instantes había presenciado una escena que le desgarró el alma. Bueno, varias escenas, una peor que la otra, se desencadenaron aquel Domingo. Para muchos había sido un evento mas en sus vidas. Pero Darío recordaría este día por siempre..y no sería el único.

Caminaba rápido, mirando al frente. Por primera vez no quiso volver atrás. Estaba extasiado, lleno de enojo y de tristeza (propia y ajena). Por mas que lo intentaba no podía sacar de su cabeza esa imagen. Había sentido amor a primera vista, pero hasta ese entonces nunca había experimentado tanto odio repentino hacia alguien que ni conocía. Pero no era todo. Había otra imagen que jamás podría borrar de su mente: su cara. Esos ojos, que tantas veces lo habían penetrado hasta en sus mismos sueños, ahora despedían un brillo aun más fuerte, aunque no por las razones que cualquiera desearía. Había visto por primera vez…a lo innombrable.

Luego de horas de vagar por una ciudad devastada encontró refugio en un vehiculo totalmente verde, como el cielo que todo lo cubría y todo lo asfixiaba. Si hubiera sabido a donde se dirigía, o si hubiera previsto que le llegaría un mensaje tan inexplicable como confuso, bajarse de aquel transporte hubiera sido la mejor opción, sin duda alguna.

Minutos más tarde, Darío estaba parado en medio de un largo pasillo. Su demacrado rostro se reflejaba en las vidrieras que lo rodeaban. Y ahí sucedió. Ahí fue cuando una fuerza demencial lo arrastró a lo largo de aquel pasillo para luego darle lo que tanto ansiaba, lo que venia esperando hace meses.

El tiempo se detuvo por completo. Esos segundos fueron horas para Darío, horas hermosas por cierto. No le importaba nada: ni lo que había pasado esa tarde, ni lo que había acontecido meses atrás. No le importaba quien era, y mucho menos le importó rebajarse de esa manera. El iluso creyó que la vida le volvía al cuerpo, que resucitaba, que podía dejar todo atrás en ese mismo momento y ser feliz. Pero no le tomo mucho darse cuenta de que estaba equivocado. Al abrir los ojos y recorrer la galería con la vista se encontró con un pobre y cadavérico ser. Y al verlo a el y a todos los que allí estaban, todo lo que le preocupaba volvió para invadirlo nuevamente. Había vuelto a hacer lo mismo de siempre: escapar de la realidad, dejar todo para después. Y no había mas tiempo, quizás no habría un después. Así que no le quedo otra opción. Tuvo que decidirlo en ese momento. Decidir si valía la pena continuar con una pelea en las que llevaba todas las de perder, o continuar atado a algo incierto que le brindaba mas desdichas que otra cosa y esperar a que, de la nada, apareciera “la salvación”. Porque, en definitiva, ya no podía seguir escapando de la realidad. Era uno de esos días para Darío. Y era uno de esos momentos donde la respuesta se decanta por si sola. La mesa….estaba servida.

-CONTINUARÁ-

…(o no)


Writen and Posted by Roberto Fantini

Dedicated to Navarro

sábado, 18 de junio de 2011

Donde el futuro cobra vidas

Hay motivos para creer que mi experiencia fue total o parcialmente una alucinación,
para la cual, en verdad, existían causas en abundancia. Y, sin embargo, su realismo
fue tan horrendo que, a veces, encuentro imposible toda esperanza.
H.P. Lovecraft [The Shadow Out Of Time]


Radio Deja Vu 1st Anniversary – Offtopic

Una canción puede perpetrar los más espantosos y profundos recuerdos. Porque donde hay sonrisas, hermosura demencial, plena felicidad y una eterna melodía de los cielos infernales, también hay caos, destrucción y desolación. Esas notas pueden convertir un simple sueño, un simple juego, en una realidad – en ocasiones incontrolable – que modifica el curso de las historias personales. Y quienes están concientemente dispuestos a caminar al borde de ese insondable abismo, serán los que pinten su propia línea, burlando las antiguas experiencias de los detestables humanos, creando el nuevo orden en el nuevo mundo, nuevamente.

Y mientras los himnos - sobrevolando durante una tarde de domingo, como recordando verdes plazas bajo el radiante y helado sol de otoño - elevan las ruinas olvidadas por las criaturas babosas que danzan sobre los pedregosos fuegos de la bondad, los espantosos seres alados de color gris, toscamente retratados en una hoja, devoran las fantasías quiméricas formadas por desabridas galletas de agua. Delante de estas siniestras visiones, el valiente caballero de las cavernas emprendió un nuevo viaje, a las entrañas de lo desconocido, tal y como lo hizo recientemente, al recibir una carta que hizo temblar su patas.

El ridículo domingo 13 de junio del año 2010, exactamente a la una de la tarde, comenzaba a desandarse el camino de Radio Deja Vu, con más pena y desgracia que gloria. La premisa era soberbia pero débil, intensa pero inexistente, fastuosa pero más bien indigente. Y aún así, todos los esfuerzos tuvieron su recompensa cuando el horror de los domingos tiñó la noche de los sábados de un rojo más profundo e indecible que el colorado de la sangre, oyendo las plegarias de los moribundos.

Acompañado por leales y maniáticos co-conductores, el cerebro detrás del programa (digi)evolucionó jornada tras jornada, hasta convertirse en un clásico dentro de los olvidados y ninguneados. No necesito vestirse como un payaso y posarse sobre la parada del verde. Y aunque lo hubiese hecho, sus oyentes, firmes estatuas de papel higiénico, aguardarían su desquiciamiento total y su vuelta del mismísimo infierno, algo que no hace mucho sucedió. Superando incluso los invitados más deplorables jamás concebidos, afrontó como un héroe las trepidantes tormentas y levantó su cabeza, triunfante como el primer día.

Sin embargo, con pesar lo digo, ni la inmensidad de las complejas palabras que un bicho de otoño puede usar, explica el legado de alienación de Radio Deja Vu (The Yoghurt). Quizá se deba ser un escéptico de la felicidad para apreciar en su totalidad este programa repleto de delicias mortales. No puedo asegurarlo. Pero si garantizo horas de cruzados sentimientos de amor y odio dentro del amor, de muerte y vida dentro de la muerte. Despiadado, como nunca, el valiente espera, sentado delante de una humeante pantalla, que cada ente saque su propia conclusión.

El elixir de la vida, servido por la truculenta y bella bruja oscura de oriente, será su combustible cuando caigan las primeras gotas del universal diluvio de garrafas llenas de agua y gas en esta inmunda noche de sábado. El manto blanco que nos cubre, será la morada del ser de eterna valentía, que jugará con fuerzas que no puede controlar, tan solo para brindar un espectáculo que nos haga viajar por la difusa historia musical de la humanidad, guiado siempre por el gigante dormido, que sin dudas un día despertará para asistir a una de estas inenarrables noches.

Es este, mi más sentido y aberrante homenaje al programa de radio que atraviesa pavorosamente la gruesa línea ominosa del tiempo, seduciéndola y convirtiéndola en mero residuo del alma purificada por la glorificante muerte que todo lo puede. Gracias totales.


FECHADO TENES EL ORTO!

Written and Posted by Cesar de la Luz
Dedicated to Roberto Fantini

miércoles, 1 de junio de 2011

Verde Cielo

Estaba en todas partes - era una gelatina - un limo - sin embargo, tenía formas,
mil formas espantosas imposibles de recordar. Tenía ojos - uno de ellos manchado.
Era el abismo, el maelstrom, la abominación final. Carter, era lo innombrable!
H.P. Lovecraft [The Unnamable]

Lo innombrable - Offtopic

Aquella mañana fue distinta a otras mañanas. Navarro, un desconocido muchacho, tan normal como cualquier muchacho incapaz de vislumbrar el aura de desgracia que se avecinaba, despertó minutos antes que el débil sol otoñal asomase su espectral masa sobre el río. El techo de su habitación parecía más gris que de costumbre; como si no existiese, como si no fuese otra cosa que una simple extensión del cielo. Los demoníacos fantasmas del fracaso danzaban al son de una truculenta música, agazapados, esperando el momento preciso en que el magnánimo rey de la oscuridad y la desolación diese su orden. Los pájaros no cantaban: habían desaparecido, seguramente de vuelta en el mundo de ominosos sueños monocromáticos al que siempre pertenecieron. Mientras tanto, derruidas almas buscaban salvación, aferrándose a eso.

Muy lejos de allí, donde el viento sopla salvajemente, donde la civilización parece llegar a su siniestro fin - dentro de otro derruido corazón - ya se había desatado el caos definitivo. En aquel lugar, la mesa estaba servida.

Navarro albergaba un absurdo sentimiento de esperanza, similar al que tienen las hormigas que cargan finalmente con su protección para el invierno, incrédulas del poder inconmensurable de su enemigo más feroz: el hombre. Enceguecido por eso, el viaje de aquel desgraciado estaba a punto de comenzar; una travesía que lo dejaría sin pasado, presente ni futuro, borrando su tiempo, en todo plano existente, con una indeleble mancha de un color imposible de discernir. Nadie lo culparía. El hombre, con frecuencia, cree que puede lograr cualquier cosa con solo proponérselo, esté o no dentro de sus posibilidades; pero comete un severo error de cálculo. La ambición, los sueños, siempre lo devoran cuando uno parece tenerlos al alcance de la mano. Por depositar su alma y su corazón en eso, Navarro lo perdió todo.

Cargando diecinueve gemas - más rojas que la sangre, más espantosas que millones de tempestades -, con un inhumano peso sobre sus hombros, el muchacho partió finalmente hacia aquella fortaleza azul de hermosura sin igual. El sol aún brillaba; parecía imposible que algo saliese mal. Ni siquiera el guardián que custodiaba la fortaleza podía imaginarlo, porque para él, eso podía sanar cualquier enfermedad de cuerpo y alma; eso podía guiar hacia la luz, incluso en un laberinto sin salida. El momento había llegado.

[…]

Es difícil explicar el por qué de ciertos hechos, pero si se es el protagonista de esos acontecimientos, y estos son indeciblemente aberrantes, resulta imposible. Por eso Navarro nunca pudo relatarlos, pero al parecer, ha logrado aceptarlos de alguna manera. Se niega también a alzar sus ojos al cielo, ahora teñido de verde, sea verano o invierno, sea otoño o primavera. Aquel muchacho no fue más que un pobre desgraciado, víctima de eso en lo que tanto confió. Creyó que tendría eterna protección contra la desesperación, el delirio y el odio, olvidando que el origen, la raíz de toda la existencia humana reside allí, en ese triángulo repleto de oscuridad. Su infelicidad debería ser suficiente para demostrar la miseria que rodeó, rodea y rodeará siempre a eso.

Navarro, aquel día, desafió a todos sus demonios, y obtuvo por fin el gran tesoro que se encontraba escondido en la fortaleza azul de belleza sin igual y pureza perversa, derrotando al descuidado guardián con heroica facilidad. Su victoria ni siquiera se vio opacada por el sufrimiento de aquel otro corazón salvaje, muy lejos de allí, donde el viento sopla con la furia de los Dioses. En lo absoluto. En ocasiones, la felicidad de unos, puede ser la desgracia de otros. Pronto, ambos comprenderían las paradójicas consecuencias de sus actos obviamente irracionales.

Cincuenta y tres lunas después, el desgraciado muchacho se encontraba parado en el andén de una antigua estación de trenes, viviendo una auténtica pesadilla en plena mañana. Aquel lugar estaba prácticamente desolado. Casi ninguna cosa o persona llamaba la atención de Navarro, con excepción de una pareja de jovencitos, que se abalanzaban al borde del precipicio, al borde del andén, que estaría dominado por tinieblas en muy poco tiempo. Tal vez nuestro ingenuo protagonista les deseo la muerte… por ahora no puedo hacérselos saber. El cielo presentaba la típica brillantez grisácea, propia del infernal invierno; el silencio parecía envolver no solo la estación, sino también el corazón de Navarro, abandonado completamente por eso. Apenas podían oírse tenues gotas cayendo sobre el techo de chapa que cubría gran parte de la terminal. Bajo las desvencijadas vías férreas se acumulaban cientos y cientos de crujientes hojas marrones, las cuales ya habían renunciado a sus ramas unos pocos meses atrás.

A lo lejos, en ambas direcciones, no podía distinguirse ningún tren, solo se vislumbraba una gran cadena de luces amarillentas, formada por los faroles antiquísimos de la zona. Mientras los autos aprovechaban las barreras altas para atravesar las vías, el viento soplaba, amenazadoramente, anticipando un terrible desenlace. El desgraciado muchacho continuaba imperturbablemente deshecho, rodeado de soledad, decepción y tristeza. De pronto, la quietud fue aniquilada por un estruendo imposible de olvidar y explicar, tal y como lo que sucedió a continuación.

Navarro se encontraba ahora corriendo por una oscura y angosta calle. La noche era bohemia y helada. Una neblina indescriptible había comenzado a levantarse, al mismo tiempo que el cielo se teñía de verde. Parecía perseguir a alguien. Al mismo tiempo que lo hacía, esquivaba obstáculos a una absurda velocidad, mientras saltaba sobre las desprendidas baldosas de la impía ciudad. Luego, dejaron de existir las personas, los árboles, los autos… todo. El desgraciado muchacho no podía ver nada ni a nadie. Lo que realmente le interesaba, trascendía su propia vida; era a quien perseguía a quien le debía toda su existencia. La distancia que los separaba en un principio, se acortaba estrepitosamente ante la velocidad demencial de Navarro. Respiraba terror, y exhalaba angustia.

Pero él también se sintió perseguido. Si bien no tenía tiempo de mirar hacia atrás, sabía que algo incorpóreo, baboso, lo acosaba. El fantasma de la desolación corría a una velocidad irrisoria. Obligado por el espanto, el muchacho aceleró como un loco, acortando la distancia aún más. Ahora escasos metros lo separaban de eso que tanto quería alcanzar. Sin embargo, continuaba sintiéndose moribundo, como alguien le hubiese arrancado algo. Solo los peatones podrían contar que se imaginaban al verlos correr.

Sin salida ante la esquizofrénica e injustificada persecución, la otra persona se detuvo, vencida, y giró, indignada, para ver a Navarro directamente a la cara. Antes de poder ver su rostro en la penumbra de aquella calle cavernosa, la noche se transformó en un torrente de agua helada. Y todo era gris, nuevamente.

Ahora el muchacho estaba tendido junto a un escombro inmenso, de cara al cielo. Sentía un fuertísimo dolor en la espalda que le impedía moverse. Con evidente e indescriptible dificultad giró su cabeza hacia la izquierda, tan solo para observar a dos personas en una situación similar; sin embargo, al mismo tiempo que estaban derrumbadas sobre el andén, aquellas dos almas, estaban petrificadas, no se movían ni un poco. De repente, el silencio se había extinguido: todo había pasado de la quietud a un estallido, de un estallido a un inenarrable horror. El mar de lamentos y gritos parecían provenir del mismísimo averno; no obstante, no había sonido ni movimiento en los que yacían a escasos metros de Navarro. En vano, intentó sentarse, como si la lluvia lo hubiese congelado definitivamente. Empapado, logró distinguir entre el caos, una voz que preguntaba si se encontraba bien. Lo repitió unas cuantas veces, hasta que pudo ver, efectivamente, a la mujer que le gritaba desesperadamente, y entre lamentos que de otro sitio llegaban, solo pudo decir: “te dije que te alcanzaría…”.

Navarro no supo más nada de aquel torrente de agua ni de la mujer, simplemente porque volvió a las inmundas calles donde había tenido lugar la persecución, bajo un cielo completamente verde. Ahora, en medio de una ruidosa avenida, sin habla por el esfuerzo, con la garganta seca, el muchacho increpaba a alguien, que rápidamente se alejaba de él, sin dejar de darle la espalda en ningún instante. Aquella vez, decidió dejar de seguir a esa persona: dejó que se escapara, para siempre. El único sentimiento que había permanecido era la agonizante pena en lo profundo de su alma. Eso lo había traicionado, tal y como traiciona a todo el que confía en que puede sanar.

El desgraciado joven no tuvo tiempo de discernir entre el sueño y la realidad, porque todo se volvió gris nuevamente; sus ojos se habían clavado en el techo del lugar donde estaba descansando. Estaba en su habitación, que permanecía tan pequeña como siempre, mientras el débil sol otoñal asomaba su espectral masa sobre el río.

Entonces, Navarro tuvo la posibilidad de elegir: padecer una ominosa odisea tras su victoria en la fortaleza azul de preciosura sin igual, aceptando su destino, aceptando lo que había sido escrito para él. O podía evitar perder su alma y su corazón, víctimas de eso, transformando un cielo completamente verde y horrendo, en algo oscuro y celestial, repleto de paz. Sin embargo, el maldito muchacho eligió lo primero. Eligió la pena por sobre la maldad, obteniendo, al final, una sola cosa, un recuerdo que nunca más lo dejaría dormir, dándole al mismo tiempo, la fuerza para continuar viviendo. Al final… solo el rostro más hermoso, sonriendo… nada más…

Pero, por qué hizo eso? No era más sencillo olvidar todo ese incomprensible dolor, empujado hacia la nada por la muerte divina? Por qué eligió preservar los hermosos pero efímeros recuerdos? No era mejor destruirlos con la llama eterna del odio, y reemplazarlos por oscuridad, para acabar de una vez con tanta pena? Por qué lo hizo? Acaso eso pudo triunfar, incluso en el rincón más ardiente del infierno? No, no puede. La mejor decisión era rendirse y escapar de aquel mundo. No puedo estar equivocado. No puedo estar equivocado. No puedo estarlo. No puedo… O si?

Written and Posted by Cesar de la Luz

viernes, 20 de mayo de 2011

La Biblia y el Canelón

El verdadero amor es como los espíritus: todos hablan de ellos, pero pocos los han visto.
Francois de la Rochefoucauld

Siempre son los demás los que se mueren.
Marcel Duchamp

El gran sueño (senil) americano - Offtopic

Siempre se ha imaginado el Apocalipsis como lo describen los ominosos e inenarrables escritos de La Isla: una gigantesca bestia de color violeta, frenética, desafiante de las leyes de la física por su dimensión y morfología, aplastando edificios y devorando personas. Un animal que imparte justicia, acompañado por infinitos demonios blancos con afiladas armas y dientes del infierno. No habría resistencia posible; no habría dioses salvadores. En un abrir y cerrar de ojos, los millones de años de evolución llegarían a su término… Que la realidad sea tan simple y poco poética, no debe sorprender a nadie. Y debemos agradecérselo a alguien muy especial…

Mientras la humanidad se dedica a hacer lo mejor que sabe hacer (es decir, revolcarse en su burda miseria), un hombre, oriundo del Estado que supo gobernar con tantísima gloria el inmortal Arnold-kun, un tal Harold Camping espera el Día del Juicio Final, sentado en el living de su casa, mientras escucha la radio y mira la televisión con su esposa transexual. A este viejo choto, no le alcanzaron 90 años para decir pavadas, y decidió redoblar la apuesta gracias a un exhaustivo y pormenorizado estudio de la Biblia. Y por supuesto, mando a la concha de su madre a los mayas y todo su legado verdulero del 2012. Este viernes 20 de mayo, según su profecía, vendría a ser algo así como ‘el día final’, ya que mañana comenzaremos a sufrir como nunca lo hemos hecho, gracias a la venida del mesías, mil novecientos setenta y ocho años después de su crucifixión seguida de muerte y resurrección.

Semejantes profecías, hoy en día, no asustan a nadie. Pero veamos la cuestión más de cerca.

Para la congregación americana liderada por este anciano come canelones (de nombre tan irreproducible como las cosas que anuncian), este sábado comenzará un período de sufrimiento y caos, coronados con la posterior destrucción parcialmente total de la Tierra pautada para día 21 de octubre del presente año. La garantía de esta profecía reside pura y exclusivamente en una interpretación del libro sagrado hecha por Camping, que la estudió por más de cincuenta años (demostrando que su título de ingeniero no le sirvió para nada). La fecha del cataclismo está calculada de la siguiente absurda manera, utilizando como equivalencia 1000 años = 1 día (no se rían, todavía): en el 4990 AC, Dios le reveló a Noé que quedaban SIETE días para que el diluvio cayera sobre la Tierra. Si se hace 4990 + 2011 – 1 (ya que no existe el año cero ¿?), da un total de 7000 años, que serían esos SIETE días según la proclama de Dios. El cálculo de la fecha exacta (21 de mayo) es igual de insólita, y requeriría por lo menos media docena de menciones bíblicas en las cuales no tengo intención ahondar (pueden reírse).

Existen otras cifras: serían 200 millones de engendros (ni uno más, ni uno menos) los que ‘subirían’ al cielo, mientras el resto de las personas ‘danzaran sobre caca y arena, comidos por gusanos y animales, desintegrándose ante los ojos de Dios’. Esto es una cita casi textual. Y para hacer la batata aún más grande, los seguidores de Camping se han dedicado a malgastar un presupuesto tan oscuro como el amor y la bondad en una inhóspita campaña, anunciando el dicho Día del Juicio Final, mientras aprovechan para publicitar su radio, la cual prospera gracias al aporte de seres indeseables. Un auténtico producto de América, sede de los más despreciables engendros: Lady Gaga, Justin Bieber, Bill Gates, Steve Jobs, Justin Bieber, Barack Osama, Ricky Martin, Joe Jonas, Justin Bieber, etc.

Aparentemente, para este veterano profeta, el fin es un hecho, y no hay ninguna posibilidad que esto NO suceda. Lo afirmó tan rotundamente como afirmó la llegada de Jesús a la Tierra en 1994, algo que, por supuesto, nunca sucedió. Según sus propias palabras ‘no pudo interpretar la Biblia por la complejidad con la que está escrita’ en aquel momento. Claro, el único que tiene certeza que este error no vuelva a cometerse es el propio Camping, cuya$ intencione$ $on verde$, como el infierno mi$mo (el teclado no anda muy bien).

Por supuesto, los versículos que hablan sobre la incertidumbre de una fecha para el fin de los tiempos (y al mismo tiempo, de la inconsistencia de las profecías como ésta y como otras en el pasado – reciente y no tanto) no fueron tenidos en cuenta por esta congregación de mierda. Es más, en una comunicación telefónica de LHDZ con el vocero, amigo personal y posible amante de Camping, Richard García, pudimos recoger la siguiente declaración: “Harold le dedicó su vida a la Biblia… es tan lindo… así que es como si él mismo la hubiese escrito… por lo tanto está en todo su derecho de sentarse en el inodoro y ponerse a tachar todos los versículos que lo contradicen… sino la historia no le cierra… emm, cuando empieza la entrevista?”. Después de semejantes palabras, solo podemos decir que el mundo ya se cagó muriendo hace rato…

En fin, lo fundamental aquí no es la credibilidad de la congregación y su posible interés por el billete loco: sería estúpido, redundante y atípico para LHDZ criticar a alguien o algo desde un punto de vista tan simple. Tampoco importa el fanatismo religioso o la pésima interpretación de un libro previamente analizado por miles y miles de personas. Mucho menos interesan los deseos de un viejo al que posiblemente le queden pocas horas de vida (lo van a hacer a la parrilla el domingo); su broma celestial muy lejos no irá, claro está. La clave está en los conceptos ‘fin del mundo’ y ‘destrucción’, los cuales parecen estar muy lejos de la mente de Camping, que erróneamente los vincula con algo malo, con algo desolador para el total de la población del planeta, y no se da cuenta que es todo lo contrario, dejando en claro que NO es un hijo de Zenki. La verdad de la falsa milanesa, es una sola: existen personas que ya conocen las fechas del fin de todo. Efectivamente, el final no es algo que suceda solo en un día: es tan espantoso y hermoso, que necesita desatarse en varios lugares, simultáneamente, pero en momentos distintos. Y para pavor de muchos, esos momentos ya se sucedieron en el reciente pasado: en ese ominoso rincón gris; en aquellas escaleras dantescas junto a la cafetería del mal; en la oscura sala, tan negra como el alma y el corazón de los pecadores y pescadores; en aquel jardín de perdición donde los sueños se convirtieron en pesadilla; en aquella casa salmón donde se desató el caos reptante de los que ‘no pertenecen a nadie’.

Camping y su ‘hermandad de los pelotudos’ afirman que los pecadores quedaremos fuera de la historia; lo cierto es, que nunca tuvimos necesidad, ni nunca pudimos ser parte de la historia; siempre arderemos, felizmente, en las llamas de averno cavernoso, desafiando a cualquier baboso bicho de color verde que intente azotarnos. Antes que este profeta virgo pudiese caminar, los pecadores ya estaban vendiendo sus almas y corazones a cambio de monedas, monedas que hoy, forman parte de un museo de desolación, para desgracia de un ente que no conoce de tiempo ni espacio. La destrucción siempre será creación, Camping. La muerte, siempre será vida dentro de la muerte y muerte dentro de la viva muerte. Posiblemente en otros noventa años, este veterano lo comprenda.

Antes de terminar con este suplicio motivado y motorizado por el dislate de un profeta de la batata, quiero aclarar algunas cosas harto fundamentales:
1) En ningún momento se ha querido faltar el respeto a las religiones para las cuales la Biblia es su libro sagrado; no es el punto aquí.
2) En ningún momento se ha querido faltar el respeto a esos hijos de mil puta de Greenpeace que continuamente presagian lo peor ante el calentamiento global, el fin de las especies, el fin de lo verde, etc... no estamos interesados en las pavadas que dicen y hacen.
3) Cualquier parecido entre Harold Camping y Bernardo Stamateas es pura coincidencia.
4) Esta reseña no refleja las creencias y pensamientos de LHDZ en su totalidad, ni siquiera las del autor, ya que todos estamos muertos en realidad, y no podemos ni pensar ni creer.
Espero puedan leer esto antes que comiencen a quemárseles los calzones y las respectivas nalgas.

QUE MALA LECHE SOS… QUE MALA LECHE SOS…

Written and Posted by Cesar de la Luz
Dedicated to Dominique Strauss-Kahn and Martín ‘Homebreaker’ Lousteu