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jueves, 20 de noviembre de 2014

Nunca es suficiente

Cuando miraron atrás, hacia el valle y la distante granja de Gardner, contemplaron un horrible espectáculo. 
Toda la granja brillaba con el espantoso y desconocido color; árboles, edificaciones e incluso la hierba que no había sido transformada aún en quebradiza y gris. Las ramas estaban todas extendidas hacia el cielo, coronadas con lenguas de fuego,
y radiantes goterones del mismo monstruoso fuego ardían encima de la casa, del granero y de los cobertizos. Era una escena de una visión de Fuseli, y sobre todo el resto reinaba aquella borrachera de luminoso amorfismo, aquel extraño arco iris de misterioso veneno del pozo..., hirviendo, saltando, centelleando y burbujeando malignamente en su cósmico e irreconocible cromatismo.
The Colour Out Of Space [H.P. Lovecraft]

La Sorpresa de Lerner - Offtopic

Existe una corriente del pensamiento a la que adhieren ciertos individuos basada principalmente en la idea de que un autor, protagonista mayor de una historia (cualquiera sea), debe estar siempre a merced del que consume esa historia: debe entregar su obra, la intimidad de su mente, la grandiosidad de su alma, la acumulación de sus miedos - en resumidas cuentas, su vida - a una horda insana de innecesarias necesidades. Quienes tienen la dicha de crear a partir de la nada dejan de tener el poder sobre su creación. Los defensores de esta corriente argumentan, de forma muy vaga, que por encima de la persona y sus derechos se debe colocar a la humanidad y sus derechos. Y se apoyan sobre la innegable certeza de que quienes toman la difícil decisión de compartir su obra con el mundo, la ponen a consideración, por alguna insólita vía la colectivizan; a partir de ese momento, pasa a ser una presa fácil para la crítica. Incluso para nosotros es una verdad revelada y reveladora, de otra forma estaríamos negando nuestros orígenes (quien escribe no sería nada si no pudiese criticar las acciones y creaciones ajenas). Pero es de una chatura inefable criticar los caminos por los que aquella obra nos llega, las motivaciones que el autor ha tenido, o las herramientas que utiliza para tallar sus visiones y mostrarselas a la sociedad. Libertad de expresión, sí. Estupidez, no. 

Estoy ensayando una tímida defensa a Christopher Nolan por Interstellar. No he visto la película. No lo necesito. Pero me bastan un puñado de críticas, escencial y especialmente alrededor de la supuesta omnisciencia del director (y guionista), para afirmar que su último trabajo - el primero luego de la trilogía de Batman - es tristemente colosal, peligrosamente mastodóntico, inquietantemente hermoso y ominosamente goloso (DEJAME SOBREADJETIVAR TRANQUILO, LA CONCHA DE TU PUTA MADRE). Es perfecto. 

Parece una broma pero a Nolan, estos mismos tipos, le piden todo. Para ELLOS nunca es suficiente, como si vistiesen una remera a rayas horizontales azules y blancas y hubiesen descubierto su perverso, lujurioso y estúpido jueguito. Les ofrecen brillantes y valientes teorías (más o menos comprobables, es cierto) acerca de viajes a través del tiempo y del espacio, a través de lo indecible e indefinible, pero ELLOS quieren mierdas estereotipadas que hasta un tipo con un cucurucho en la frente podría predecir. Les ofrecen insuperables efectos, casi artesanales, precisos como un puto mecanismo de relojería, pero ELLOS quieren todo hecho por computadora, quieren caras increíblemente deformadas. Les ofrecen una distopía donde abunda la demencia loca del enemigo interior y, elevándose por encima de ella, una abrumadora esperanza. Pero ELLOS quieren un mundo envuelto en exagerados abusos de control y de poder, quieren garchas orwellianas, violencia innecesaria y antinatural, y quieren a los pendejos calentones, jugando a ser héroes. ELLOS quieren humor, quieren entretenerse, hacerse la paja también. Quieren las estupidas fantasías animadas de ayer y de hoy. Sin dudarlo, estos pensadores han pensado demasiado y su cerebro ha sido reemplazado por un termo que no mantiene la temperatura de las ideas. ELLOS nos quieren pelotudos, no quieren que pensemos. Yo lo que quiero es que me dejen en paz, que cierren el orto o se lo vayan a lavar con Odex. Lo que ELLOS realmente no pueden soportar es la omnisciencia del espectador; porque entonces ya nadie abrirá la sección de espectáculos el jueves, aguardando por la iluminación de tipos que no pueden ver la belleza del vasto horror cósmico de Nolan. Por suerte, hay individuos que siguen viendo aquello que no quieren que sea visto, que no le temen a la unión de aquello que nunca debió unirse pues saben que jamás volverá a unirse. 

El lector de siempre sabrá que aquí respetamos y ensalsamos la obra de Nolan y le perdonariamos cualquier desliz, incluso uno considerable (quizás Interstellar lo sea) pero nunca tendremos necesidad de pedirle todo pues él siempre se entregará: a su propia inmensidad, a su descollante inventiva, y no se venderá para satisfacer a aquellos que piensan demasiado en sí mismos. Para ELLOS no importa la distancia que separe a un artista de sus seres amados; no importan las noches sin sueño ni las incontables peleas. Solo quieren que el cuchillo recorra la piel del desgraciado de turno y cubra de sangre su maldito piso nuevo. Pero qué dirían si Nolan simplemente agarra sus cosas y se va? Ahi apreciarán todo lo que ha hecho. O no.

Por desgracia, no he podido ver Interstellar, no he podido llorar con su preciosidad, no he podido deleitarme con mis propios elogios, no he podido pensarla ni reseñarla como me hubiese gustado (ando corto de tiempo por los exámenes). Pero hay alguien que sí ha podido hacer todo aquello. Es aquí que pido permiso al querido Marcos Esparcence - amigo de la casa, vecino de la ciudad sin nombre, hombre de letras borroneadas por las formas del tiempo, incuestionable defensor del machete y eterno miembro de la mandarina alienada - para hacer uso de su valiente e inolvidable reseña sobre Interstellar, que espero dé un poco de entidad a mis palabras. Merecía nuestro colaborador estrella (que no tiene ni la más puta idea de que se convertirá en colaborador estrella de este blog) una introducción. Espero estar a la altura de la sorpresa. De Lerner. 

Interstellar - Review Movies

Fui el domingo a ver Interstellar, la nueva de Fernet Branca Nolan. La película es un caño; te reís, llorás como nena con Matthew McConaughey, los efectos visuales son para que te cortes los dedos después de chupártelos porque no merece suceder otra vez. La historia te mantiene agarradísimo al asiento con giros y giros.

En una semi entrevista a un científico posta, dijo que le gustó mucho y que aunque muchas de las cosas son tirando a la ciencia ficción (obviamente el género al que apunta la peli), otras cosas que pusieron son en realidad comprobadas.

Interstellar es un MUST SEE, especialmente por cankinianos y zenkianos (por igual), ya que la Ley Jamal (1.883-1.976 AP / After Panch) establece que todo zenkiano es cankiniano pero no todo cankiniano es zenkiano, por la relativa infinita soledad impuesta por el cosmos constante de la divina comedia (del ente)

13-2 Esparcence Chronicles

Autor: Marcos Esparcence 
Prólogo: Cesar de la Luz 
Dedicado a la memoria de Pepe Eliaschev

Aclaración: el término 'Sorpresa de Lerner' es propiedad y marca registrada de Carlos Guzmán. Queda penado su uso sin la debida autorización (no la pedí, después arreglamos)

sábado, 21 de septiembre de 2013

Peter Johnson

Fanático: (adj) dícese del que sostiene obstinadamente y con vehemencia
una opinión que no es la nuestra.
Ambrose Bierce [The Devil’s Dictionary]

Dejemos de ver Chiquititas, Casi Ángeles y todas esas pelotudeces.
‘Hay que soñar’. Maduren. La vida es una mierda.
Cesar de la Luz

Percy Jackson: Sea of Monsters – Review Movies

Año 2001: corralito, saqueos, cacerolas, protestas, helicópteros (‘chopas’ para los amigos), patacones, Bin Laden, Torres Gemelas, atentados, etc. Muchas veces las palabras claves (o keywords) que más se buscaron en Google - en determinado año – acaban por definirlo. Mucho antes de que existan los hashtags y los trending topics, la ‘viralidad’ de determinado tema se medía fundamentalmente por la cantidad de veces que se lo introducía en el famoso buscador. Pero no todas las búsquedas fueron a raíz de desastres financieros o autoatentados. Eran los inicios del Internet hogareño (al menos en esta parte del continente), los CDs de AOL que nunca andaban y todo lo que eso trajo consigo. Jóvenes con acceso a la red. El inicio de la ‘viralidad’ que hoy conocemos. Y así hay que agregar otras palabras a la lista de las más buscadas. Lo que suele pasarse por alto es que en el 2001 vieron la luz un par de adaptaciones cinematográficas que marcaron un antes y un después en llevar grandes sagas literarias del genero fantástico a la pantalla grande, apuntadas a un público juvenil (y no tanto). Sagas que en ese momento inundaron mil y un páginas, foros y rincones de la web (y lo siguen haciendo actualmente). Ejemplos? El Señor de los Anillos y Harry Potter, tan solo por nombrar dos de ellos.

Ya se ha hablado largo y tendido sobre dichas novelas y sus adaptaciones (no es la intención de este texto). Más allá de algún fanboy indignado porque X escena menor no está o es diferente, esas películas son, a fin de cuentas, una muestra de cómo debe hacerse el trabajo. Parece fácil, pero adaptar fielmente un libro de, por ejemplo, 500 páginas a dos horas y media de película no es sencillo. Se le puede poner ganas y plata para que quede lo mejor posible, pero siempre encontraremos algún fanático descontento con el resultado final (a veces con fundamentos validos, otras veces con simples caprichos nerds). A fin de cuentas, ninguna película es exactamente igual al libro y desde el vamos nada se compara con el placer de leer la historia tal cual fue escrita, pero si no tenemos ganas de hacerlo y queremos, por ejemplo, ver las siete películas de Harry Potter entenderemos la historia sin habernos perdido de un bloque gigante de trama.

El éxito comercial de estas franquicias fue tan solo el puntapié inicial para que se desarrollaran otras historias, novelas y sagas similares. Magos, vampiros, dragones y otras criaturas mitológicas llenaron librerías de todo el mundo, con mayor o menor éxito entre los amantes del género fantástico, y así crecieron también sus correspondientes adaptaciones cinematográficas, algunas realmente interesantes y otras que ni vale la pena nombrar.

Las películas de la saga Percy Jackson, que nos ocuparemos de analizar en esta reseña, son geniales para cerrarle el ano a todo aquel que dice “nah, no voy a leer los libros, total puedo ver la película y fue”. Bueno, si, pero estamos hablando de dos historias MUY diferentes. Escrita por Rick Riordan, mezcla mitología griega adaptada al siglo XXI con características propias de todo best-seller juvenil. La historia nos presenta a Percy Jackson, un pibe aparentemente normal de doce años que vive con su madre y no recuerda a su padre, quien supuestamente se fue a navegar pero nunca volvió. Quico… digo Percy… lleva una vida ordinaria; en la escuela es maltratado por sus compañeros y la mayoría de sus profesores, hasta que un suceso en una excursión al museo cambia su vida por completo. Con el correr de las horas, previo secuestro de su madre, de enterarse que Grover, su único y mejor amigo, es un sátiro, y de llegar a un campamento oculto donde se le dijo que estaría a salvo, se entera que los dioses griegos existen y que él mismo es hijo de Poseidón, dios del mar.

El día más psicodélico del pobre Percy solo está por volverse aún más confuso. Resulta ser que Poseidón y Zeus, hermanos según la mitología que todos conocemos, se encuentran enfrentados porque a este último le fue robado su ‘rayo’ (entiéndase como su arma más poderosa) y obviamente desconfía del dios del mar. Es así como Percy, su nueva amiga Annabeth Chase (hija de Atenea, diosa de la sabiduría) y Grover se embarcan en una misión para recuperar dicho ‘rayo’, terminar con la disputa entre los dioses (la cual trae repercusiones en el mundo real) y, de yapa, ver si puede rescatar a su madre.

A la larga sucedió lo de siempre: el autor vendió los derechos de los libros para que se filmaran las películas correspondientes, desligándose completamente de la misma y lavándose las manos ante una posible adaptación mediocre. Y “mediocre” es ser generoso, porque la primera película, Percy Jackson y El Ladrón Del Rayo, no tiene nada que envidiarle a Dragon Ball Evolution. En sí la historia es la misma que en el libro, pero la sucesión de hechos es totalmente diferente, los personajes son radicalmente distintos o directamente no existen (y hablamos incluso de aquellos que tienen una importancia significativa en el resto de la saga). Vale aclarar que esta primera adaptación fue dirigida por Chris Columbus, director de las dos primeras de Harry Potter. Este dato de color es fundamental para entender como funcionan estas cosas: en el caso de Potter, Rowling se mantuvo como asesora de la película verificando que se respetaran los aspectos fundamentales y ‘obligando’ al equipo de filmación a leer los libros, como mínimo. Esto obviamente no se repitió en este caso y así se ven los resultados. Desde detalles triviales como el color de pelo de Annabeth (en el libro es rubia pero se ve que el presupuesto no alcanzó ni para unos reflejos) hasta cosas mas graves como el orden de los eventos o las escenas, o directamente la eliminación de las mismas.

Pero la plata puede más, y así, con tres años de diferencia de su predecesora, vio la luz Percy Jackson y el Mar de Monstruos, adaptación del segundo libro de la saga, con dirección de Thor Freudenthal.

Resumo brevemente el argumento y pido disculpas a los que no entiendan nada o se coman un spoiler (en realidad no, VAYAN Y LEAN!). La película de Perseus Jackson arranca con un flashback que ‘nos da a entender’ el pasado de Annabeth Chase, sobre como llegó al campamento y sobre la muerte de un personaje que será vital en los libros siguientes. Acto seguido arranca la trama (si es que se la puede llamar así) y vemos a Percy en el campamento en una especie de reto/juego olímpico. Todo muy lindo, pero si leyeron el libro sabrán que pasan algunos capítulos antes de que llegue al campamento, y en ese transcurso de tiempo mantiene una pelea en su colegio secundado por su ‘amigo’ Tyson. Así da inicio una interminable lista de errores, datos importantes que se omiten, personajes que no están o escenas completas que desaparecieron o fueron tergiversadas en su totalidad, váyase a saber porqué (créanme que no hablo de caprichos de fanboy obsesivo, hablo de una tijera al mejor estilo Magic Kids). Peeeeero nos conformamos sabiendo que ‘todo tiempo pasado fue peor’ y la película anterior omitió mucho más. No le podemos pedir milagros a una película que arrastra los horrores previos como una bola de nieve. En esta al menos se las arreglaron para que la historia sea entendible y creemos que al menos el encargado de limpieza del estudio de filmación leyó el libro.

Algo curioso es que gran parte de los detalles ausentes en la primera parte fueron presentados como ‘obvios’ en la segunda. Un ejemplo de esto es el caso de Ares, dios de la guerra, que tiene un papel clave en la saga desde el primer volumen, pero se ve que nuevamente no podían darse el lujo de garparle a otro actor así que lo omitieron totalmente (aparece, de lejos, como un extra sobre el final). Interesante jugada, puesto que Ares tiene una hija (Clarisse) que también tiene participación desde el comienzo. Como no podía ser de otra manera la suprimieron, aunque desde el principio de la segunda película la vemos presentada como ‘la hija del dios de la guerra’ (el mismo que jamás existió). Creo que con eso ya quedó claro lo que intentaba decir. Agradecemos, eso sí, que entre tantos inventos de trama como si no existiese ningún libro previo, al menos respetaron los nombres de los personajes (y el color de pelo de Annabeth, que en esta ocasión es rubio pero claramente teñido… fanboy: mode ON). Realmente no se entiende. Si se van a gastar millones en filmar una película, ¿no es mucho más simple basarse en un libro en vez de inventar una historia de la nada que al final solo generará un déficit de argumento que se arrastrará a las siguientes películas de la saga?

En cuanto a la elección de los actores para la película podemos encontrar aciertos y desaciertos por igual. Muy interesante que en la primera el personaje de Quirón (un centauro encargado del campamento) fuese interpretado por Pierce Brosnan, que en la segunda parte es reemplazado por Anthony Head. Y se aplaude la elección de Stanley Tucci (más conocido como ‘el pelado forro de La Terminal’) para interpretar a Dionisio (aunque en la primera película el papel lo tuvo un tal Luke Camillero), quizás uno de los personajes mejor adaptados junto a Annabeth (interpretada por la hermosa Alexandra Daddario). A esta última, dado que su papel consiste en demostrar su inteligencia cada dos segundos (cualquier parecido con Hermione Granger es pura coincidencia) le otorgaron la difícil tarea de tapar todos los baches e incoherencias de la película con deducciones detectivescas, como si lo omitido hubiera sido obvio desde el primer momento.

En Argentina la primera película se estreno en Febrero de 2010 con mucha pena y poca gloria, aunque por suerte pasó bastante desapercibida dado que el volumen de fanáticos locales no era ni una décima parte de lo que se vio en épocas de Potter y compañía. Recién para esta segunda parte se invirtió en mayor publicidad, y así y todo no se logró una significativa diferencia y gran parte del público no había leído los libros.

Respecto a la versión en papel, acá se llegaron a editar los cinco tomos que componen el primer arco de la saga (Dioses del Olimpo), sumado al primer volumen del segundo arco (Héroes del Olimpo) que aún está siendo publicado y que ya cuenta con tres libros (el próximo será lanzado este año).

La pregunta final es, ¿las siguientes películas de la saga lograrán sacarnos el mal sabor que nos dejaron las ya estrenadas? Si bien como hijo de Zenki, las visiones no escasean, lamentablemente tendremos que esperar para saber la respuesta. Lo que si quedó claro es que si no se deja de lado el vil metal y se intenta brindar un buen resultado a la altura de la versión literaria, podemos esperarnos algo muy similar a lo ya visto. El tiempo dirá si nos equivocamos. Eso si… orden de restricción para Chris Columbus, mínimo 300 metros del guión. Urgente.

Percy Jackson y El Ladrón del Rayo (película)
Calificación: – 0.001 zenkos
Percy Jackson y El Mar de Monstruos (película)
Calificación: 0.99 zenkos

Written by Roberto Fantini. Posted by Cesar de la Luz
Dedicated to Cesar de la Luz, Marcos Esparcense and Alexandra Daddario


martes, 14 de agosto de 2012

Lo que nunca debió unirse


El sexo existe. No hay nada que hacer al respecto. El sexo no construye caminos,
no escribe novelas, y ciertamente no le da sentido a nada en la vida salvo a sí mismo.
Gore Vidal

El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones más fuertes que mástiles y cadenas [...] Sin embargo las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado de sus cantos, aunque nunca de su silencio.
Franz Kafka [Das Schweigen der Sirenen]

The Dark Knight Rises - Review Movies

Basta con cerrar los ojos un instante, querido lector. La endeble muralla cognitiva que protege y permite el correcto funcionamiento de los sentidos caerá; y llegará, entonces, el momento de entregar cuerpo, alma y corazón - los que aún tienen la dicha de conservarlos - a ese abismo de negrura inconmensurable que son los recuerdos. Sin piedad, el tiempo se extenderá en todo plano posible, adoptando insospechadas formas, y levantará aquello que habíamos creído derrumbado para siempre. Inmersos en una detestable carrera en pos de conservar la cordura, no bastará con abrir los ojos; tristes resabios de humanidad quedaran a merced de las sombras de lo ominoso. Para escapar, habrá que ascender y trascender, habrá que trepar los muros del miedo, como un héroe que busca la luz de su propia justicia.

Basta con cerrar los ojos, para ser testigos de aquello que vivimos alguna vez: las primeras luces del despigmentado sol colándose entre los raquíticos árboles de aquella pequeña y helada isla de paredes blancas; el aberrante silencio, interrumpido únicamente por lánguidas voces y sublimes estallidos; un desquiciado payaso de traje púrpura declamando el caos definitivo; una sonrisa deslumbrante, inolvidable, proveniente de algún rincón del cielo, enviada a la Tierra no por Dios sino por el mismísimo Diablo; el calor inexpugnable en el regazo del ángel más hermoso de todos, y el color de una mañana de enero que fue, pero que al mismo tiempo nunca debió ser; caricias al alma y al corazón convertidas en puñales capaces de penetrar cualquier armadura. Desafortunadamente, no todos podemos ser un héroe...

Enfrascados en una vida que vale menos que la vecindad del Chavo, a la espera de las bondades que la bellísima y sensual muerte nos brindará, uno se pregunta: qué carajo ve Christopher Nolan cuando cierra los ojos? Intentaré esbozar alguna teoría al respecto aquí.

Películas mediocres y antojadizas; actores sobrevalorados, desamorados de sus personajes; público apático, sin un genuino sentido crítico. Inquebrantables reglas de un arte que abandonó su estadio de origen, para convertirse paulatinamente en un negocio frívolo y degenerado. Pálidas concepciones; absurdas iteraciones; el dinero por encima del sentimiento: amor u odio, no importa cuál; exceso de oferta en un mundo envuelto ya, en suficientes excesos. El cine, cercado por los beneficios, por las nuevas tecnologías, por la crisis de identidad de los pueblos y, sobre todo, por su propia demagogia. La resistencia es débil y, por momentos, ponzoñosa. De aquel abismo falto de luz, sin vacilaciones, un héroe emerge, asciende. Pero no se trata del héroe compasivo y servicial del imaginario infantil: es uno rebosante de malignidad y de astucia, uno que propone juegos perversos para desatar el caos que salve del caos a la industria. El ídolo hace estallar los pilares de resignación; extirpa las entrañas putrefactas. La resistencia se apoya en el esplendor de los caídos, y ofrece al espectador el cine de antaño, el que el vil metal se propuso enterrar. El arte vuelve a ser. Nolan cierra los ojos, y recuerda su propia epopeya.

Con una mano donde solía estar mi corazón (que descansa eternamente bajo las arenas desoladas de alguna costa mugrienta) no tenía la más puta idea cómo empezar esta reseña. La inspiración se hizo la distraída y fue prácticamente imposible concatenar frases decentes. Pero como sucede habitualmente en esta hermandad surcada por el odio al odio, la vaga incertidumbre da lugar a una locura deforme e incontrolable; que se materializa únicamente bajo el ala del dislate discursivo. Sentimientos casi humanos de grandilocuente expectación e inmensa tristeza colisionaron, finalmente, durante la noche del jueves 26 de julio. Así que no pidan imparcialidad; no esperen opiniones o argumentos sesudos, plausibles de un profundo e interesante debate; no proyecten conceptos políticamente correctos. Las palabras siempre son un impedimento para el verdadero sentir de los que mantenemos los ojos bien abiertos, temerosos de las entidades que nos acechan al borde de la existencia. Más que una crítica, esta reseña es un homenaje, necesariamente sentido y visceral, a este héroe llamado Christopher Nolan, y a su creación "inmortal e inmoral" (RF and ME dixit).

Fanáticos, detractores y cinéfilos en general especularon, en la misma insólita proporción, acerca del final (EPICO) de la trilogía del venoso encapotado. "Que aparece tal o cual". "Que muere este o aquel". "Que pasa esto o lo otro"... y un larguísimo etcétera, camino sin retorno hacia la mismísima nada. Por supuesto, determinados aspectos caían por su propio peso y, hasta para el más obtuso (pelotudo) de los mortales, eran una certeza. Aún así, la productora de la W y la B, temerosa de las bocazas que nunca faltan abrirse, hizo firmar un puto papel a los actores, quienes se comprometían a guardar un sacramental silencio sobre el desenlace (EPICO) de esta obra maestra. Obviamente, se les hizo bastante complicado escapar al (a veces) malintencionado interrogatorio de los medios llenos de miedo. En este orden, y gracias a un estudio realizado por distintas entidades de bien público - entre ellas, la Universidad de San Martín de Mierda (UNSAMdM) -, se estima que aproximadamente cincuenta y tres millones de personas hablaron al pedo durante estos cuatro años, dejando en claro que, aunque lejos de ser un acontecimiento fundamento para el devenir de la historia, la conclusión (EPICA) de Batman suscitaba la atención de la industria, como pocas veces. Desafortunadamente, el final (EPICO) del misterio dio paso a un horror indecible.

No es necesario apelar, en concreto, a los hechos de la madrugada del 20 de julio en un cine de Aurora, Colorado. El arrebato demencial del tipo con la máscara de gas, armado hasta las bolas, es ya conocido por todos. Si quieren detalles, búsquenlos en otro sitio (preferentemente en INFOBAE, una auténtica basofia), no en este blog :). Pero la desidia aquí planteada, no debe expiar los pecados de los responsables de esta tragedia de envergadura, que hirió a una sociedad indiferente y retrógrada en su punto más vulnerable. Mientras el autor material se enfrenta a un centenar de años de reclusión, los verdaderos cerebros detrás de los doce asesinatos y del pánico generalizado alrededor de TDKR (de Warner Bros. y DC Comics) están libres por ahí, detrás de un escritorio, planificando su próximo movimiento: estoy hablando, por supuesto, de los ejecutivos de altísimos sueldos de Disney (propietaria de Marvel). Lamentablemente, las pruebas recogidas por la policía - que apuntaban a un pago de la productora para niños al infeliz James Holmes (el loco de la mascara de gas) - fueron compradas por unos tipos vestidos de Mickey, el pato Donald, Goofy, el sapo Pepe, Shrek, Dr. Coloso, entre otra sarta de disfraces muy sugestivos y sugerentes (desubicados hay en todos lados). La corrupción vela por estos 'tributos', los arropa y alimenta durante los 'juegos del hambre', convirtiendo verdades imponentes en conjeturas bastante pueriles. El tiroteo, lejos de provocar una merma en la expectativa, fue comidilla de los morbosos de siempre, sin importar su ubicación geográfica, ávidos por "saborear" la furia genital de esta inolvidable cinta, cierre (EPICO) de la trilogía de Batman.

El embate de los recuerdos de aquella mañana de enero se detiene durante las casi tres horas que dura The Dark Knight Rises, pues resulta imposible cerrar los ojos, pestañear. El desafío constante de Nolan para con el espectador impide abandonar detalles, que harán, eventualmente, encajar la historia con perfección absoluta. A pesar de una excesiva introducción de personajes secundarios, el comienzo es vertiginoso, abismal; aquí es donde el villano empieza a atormentar al público, volteando un avión como si fuese un juguetito. La cavernosa voz de Bane y sus músculos inhumanos anticipan la tragedia, el final de una leyenda que dista de ser bella. Luego, todo se desarrolla con suavidad. La falsa y patética paz de Gotham City (NYC, por caso), propiciada por la Ley Dent, no necesita del encapotado, quien todavía carga con el asesinato del fiscal de las dos caras; ocho años han pasado desde el desmadre del Joker, por suerte ignorado durante toda la película (preferible el negacionismo al boludeo). La sospechosa aparición de Selina Kyle/Catwoman y el ataque a Jim Gordon (víctima de los mercenarios del rocoso) ponen a trabajar nuevamente a nuestro protagonista, que apenas se deja ver, con su pata coja y su barba marxista. TDKR toma vuelo a partir de allí, con la toma de rehenes de Wall Street y la persecución subsiguiente (que acaba con la emocionante aparición, por vez primera en el film, de Batman a bordo del inefable Batpod - la motito); y con el impactante y hasta intolerable derrumbe del estadio y los puentes que conectan a la ciudad con el exterior. Imágenes que quedarán en la retina de los amantes del verdadero cine: el cine de destrucción, moral y física. Lejos de ser una mole sin cerebro, Bane se despacha con discursos memorables, más cerca de un pensador, crítico de la modernidad, que de un tipo que busca la anarquía de la ciudad que se salvó ya dos veces de los hermanos Nolan. El guión tiene algunas imperfecciones mínimas, claro, como insuficiente ante tanto drama y acción, combinados en un cóctel de excepción. Las actuaciones hacen ebullición cuando el villano empieza a volar todo por el aire; un rasgo común de éstas, será la efusividad de sus expresiones, que toman un papel preponderante - a veces, por encima de las palabras -. Y el clímax de la batalla en las profundidades de GC, entre 'el bien y el mal', sin música, en crudo, resaltará la desesperación por vivir. Y más de uno querrá abandonar la sala...

El legado del hombre murciélago no se remonta a la confusión situacional, sino a su ascenso final: no habrá cárcel que pueda retener al héroe que decida trascender para olvidar el pasado. Entonces, el espectador se rinde ante el desquiciante griterío de los prisioneros y también brama, desde el fondo de su existencia. Sentado en su butaca, acaba echándole una mano a su ídolo; lo empuja, mientras entremezcla la realidad con la ficción, implícito objetivo del director inglés. Son la clase de cosas que los cinéfilos pelotudos, cuya sesgada y perfeccionista visión impide apreciar lo que sucede a su alrededor, nunca sentirán. El bestial enfrentamiento en las blancas calles de Nueva York... Gotham City, bajo el precioso manto del cielo grisáceo, entre policías y mercenarios, parece indicarnos el final de la gesta. Miramos el maldito reloj de verdes manecillas y sabemos que todo acabará pronto. Pero nunca imaginamos cómo. El desenlace es conmovedor; un poco previsible tal vez, pero acorde con una trilogía que hizo historia grande.

Las interpretaciones, muchas de ellas con antecedentes - buenos, regulares y malos - descansaban también en el limbo del misterio. Los focos apuntaban, sobre todo, hacia los villanos, con el maravilloso recuerdo de Heath Ledger y su perfecto Joker siempre presente. Una prueba de fuego que Nolan hizo sencilla, utilizando tres artilugios formidables. A saber: multiplicó los personajes secundarios y desarrolló sus historias de forma muy consistente; desenfocó a Batman y exaltó al hombre detrás de la máscara (aún más que en las entregas anteriores!); y dotó a Bane de una maldad aberrante, de una brutalidad inusitada, convirtiéndolo en otro héroe, en el gran rival del murciélago, y auténtico exponente del colapso de masas. La suprema humanidad del protagonista va de la mano con una actuación soberbia de Christian Bale, que brama, que sufre, que se sobrepone y asciende como si nunca hubiese existido otro Batman, pues este papel le pertenecerá de por vida. Pero su némesis en TDKR no es muy distinto. Una mirada fiera, una corpulencia desalmada y una voz que parece como salida de algún rincón ominoso de la sala, hacen de Bane un tipo glorioso que pone en seria duda los valores de la sociedad moderna y la atormenta hasta el quiebre. Tom Hardy, desconocido para muchos, enloquece con su postura, casi sin que se note que se trata de un viejo adicto al crack. Dentro de esa estructura, es Michael Cane, el mejor. Paternal y exquisito, maravilla cada intervención del mayordomo de eternas canas. La previsible solidez de Morgan Freeman (Fox) y Gary Oldman (Gordon) palidece ante la violenta hermosura de Anne Hathaway y la sensualidad de su personaje. Nadie daba ni un penique por la actriz que supo ser una princesita de Disney. Delicada, perturbada, con un corazón que bailotea entre la frivolidad de los malos y la ternura de los buenos, Selina Kyle es el perfecto complemente tanto para Batman como para Bane. Y la majestuosidad de Nolan empapa a los menos como Joseph Gordon-Levitt y Marion Cotillard, quienes sorprenden con sus actuaciones pero no con sus identidades.

La inviolable y dramática humanidad de los personajes va a caballo de impactantes escenas de acción, típicas del londinense. En todo hay espectacularidad si; pero jamás se resigna el toque artístico, que sorprende en Hollywood, donde la tecnología ha ganado la madre de las batallas. Cada detalle esta asquerosamente cuidado; con una banda sonora y una fotografía difíciles de superar (Hans Zimmer y Wally Pfister deberían retirarse, por el bien de la industria). Ya desde un punto vista muy personal (y personalista), sigo prefiriendo la efusividad eréctil y artera emotividad de The Dark Knight. Sabido es: aquel monumento que conjuga, como ningun otro, tristeza veraniega y angelical felicidad, continúa siendo mi película favorita, aunque hayan pasado más de siete meses desde la última vez que la vi. En esta secuela también hay vértigo y un profundo arraigo con la realidad que se vive. No quiere decir que dicho tópico no sea abordado en otros ámbitos ajenos al Séptimo Arte, pero es difícil que se presente con semejante verosimilitud en el fantástico género de superhéroes, acostumbrado a tener historias trilladísimas que emboban a los bobos. Me hago responsable de las opiniones aquí vertidas. 

Veamos:
Lo mejor: la música. La estridencia maravillosa del clamor de los condenados; la inefable marcha de los enemigos de la bondad humana; la contundencia de todos y cada uno de los instrumentos... Como si no hubiese tenido suficiente con el tendal de locura de TDK, Hans Zimmer convierte al fanático en una colegiala pervertida y sádica, mete la mano bajo la pollera, y le brinda un banquete multi-orgásmico que escapa a todo análisis. La magnificencia obra el milagro y se supera a sí misma. Quienes lo acusen de 'repetitivo' deben programar, con suma urgencia, una consulta al otorrino para extirparse el falo atravesado en el canal auditivo.
Lo peor: el único punto flaco es la absurda idea de cambiarle el nombre a New York y ponerle Gotham. Todavía más: fastidia el innecesario patriotismo y la pelotudísima simbología norteamericana. Vaya uno a saber qué estaba pensando Nolan.
Lo curioso: aunque muy lejos del histrionismo casi demencial del señor Marcos Esparcence - quien redujo las críticas a una sola palabra y tuvo la humildad de compartirla a sala llena; para él, mis felicitaciones -, la mitad de los espectadores mantuvo las nalgas atornilladas a la butaca; supongo a la espera de alguna escena extra, otro guiño. Muchachos, no fue suficiente el demoledor final? Quien escribe se borró una vez aparecieron los créditos, como huyendo de las sombras que bailotean sobre las tumbas del espantoso Village de Recoleta.

Christopher Nolan quizá no sea el arquetipo de héroe; de hecho, nadie le pidió que lo fuese. Sin embargo, su extraordinaria gesta - plasmada en celuloide por toda la eternidad - ha detenido el escandaloso avance del cine basura, presto a abrazar la perpetuidad. No salvó al Séptimo Arte desde la anti-estética bondad de los buenos valores; lo hizo desde la crudeza de un relato hiperrealista y, porqué no, sensacionalista. Para él, todo es horripilante, pero no insalvable. Humaniza, demoniza e idealiza, al unísono. Su visión del mundo moderno lejos está de la visión de un prodigio; pero basta y sobra para asestar un golpe determinante a los zánganos que hicieron, durante años, películas para entretener al público, y para estupidizarlo, claro. 'Nolan' es una marca que ha sabido vender bien sus productos (siempre con un empujoncito de Warner); sus obras son (y serán) veneradas rabiosamente por sus seguidores (me incluyo), no importa que se trate de una historia sobre superhéroes o sobre dislates oníricos. Ha dejado su huella (compró una Villavicencio de tapita verde, obvio), a la cual no puedo puntuar: no hay escala para hacerlo.

Este arte tan particular, después de todo, no es tan complicado. El espectador se sienta y, por algunas horas, se transporta a un mundo de magia que lo aliena por completo, rebajándolo exactamente al mismo nivel que la persona que tiene a su lado, sin importar si tiene alas o no. Al cerrar los ojos, tenemos la obligación de recordar. El ejercicio de la memoria no nos hace mejores o peores personas, como dicen los pseudo progresistas; apenas nos iguala. Dudo mucho que algunos podamos trascender, ascender, olvidar el pasado; pues a partir de allí se construye el futuro. Y cuando uno no desea que ese futuro llegue, solo le queda recordar por el mero hecho de hacerlo. Cada escena de The Dark Knight Rises formará parte de ese inmenso abismo que padecemos cada vez que cerramos los ojos, y se fundirán con las hermosas imágenes de una mañana de enero bajo los primeros rayos del despigmentado y ancho sol, cuando el caos vomitado por la pantalla de cristal pudo descansar sobre el cálido regazo del ángel. Al cerrar los ojos, Nolan recuerda su dantesca epopeya: la de unir aquello que nunca debió unirse.

DESHI DESHI BASARA BASARA!! DESHI DESHI BASARA BASARA!!

Written and Posted by Cesar de la Luz
Dedicated to Marcos Esparcence, Roberto Fantini and Charlotte Chantal

miércoles, 30 de marzo de 2011

Angeles de Cartón

Sin embargo, nadie podía estar preparado para presenciar lo que ocurrió […]
violentamente, en el lapso de un minuto, o menos, todo su cuerpo se encogió, se deshizo,
se corrompió entre mis manos. Sobre la cama, ante todos los presentes, no quedó sino una masa líquida putrefacta, repugnante, detestable.
The Facts in the Case of M. Valdemar [Edgar Allan Poe]

Escritor no es aquel que escribe lo que quiere sino lo que sus demonios quieren.
Mario Vargas Llosa

Sucker Punch - Review Movies

Se dice que los ángeles de cartón no son otra cosa que degeneraciones de lo bello; seres que, en algún momento, fueron inspiración de las creaciones más extraordinarias; seres que quitaban el aliento y sembraban tanto la perplejidad como la admiración en la humanidad toda; que otorgaban la eterna felicidad a aquellos que a sus pies se rendían, al rescate de todo hombre hundido en abismos etéreos y descomunales. Seres que extinguían toda pena, todo dolor, aún en las circunstancias más ominosas. Pero que, como todo lo que existe, acaban siendo corrompidos por los valores de este mundo fétido y desolador. No pierden su aura, su maligna hermosura. En lo absoluto. Sin embargo se convierten en la personificación divina del caos reptante e inescrutable, en demonios que sobrevuelan y se posan sobre los rincones del alma y el corazón donde los humanos no pueden defenderse.

De creer en conceptos tan ambiguos y destartalados como ‘felicidad’, ‘hermosura’, ‘caos’ o ‘corazón’ (especialmente el primero y el último de ellos), podríamos aceptar la audaz y diametralmente inhóspita teoría de los ‘ángeles de cartón’. No obstante, el único patrimonio con el que contamos en esta inefable hermandad es la incredulidad ante casi todo lo concebido por una mente terrestre, de manera que semejantes supuestos se van, directamente, a la puta madre que los parió.

Toda esta explicación tiene como objetivo, distraer al posible lector y evitarle una sucesión sin precedentes de insultos contra todo y contra todos. Es así, que resulta extremadamente complicado, hasta para una de las tres mentes más podridas de la historia, ser imparcial con este despropósito llamado Sucker Punch y su estridente desvarío sobre lo onírico, lo demencial y lo explosivo, cóctel que con el que Zack Snyder se emborrachó de idiotez. A priori, reconozco dos cosas. Primero, que es un poco tarde; ha pasado casi una semana desde su premiere (un compromiso de vital importancia para LHDZ que será dado a conocer dentro de poco – cuando la encomienda lo permita – tuvo la prioridad). Segundo, que a nadie le va a importar mi opinión, englobada dentro del odio hacia el mundo, dónde todo se vapulea sin piedad.

Seguramente esta película, estrenada en nuestro país en una fecha más que simbólica para todo el pueblo árabe (24-3), generará amplias divisiones entre los espectadores. Estarán los que la amen, colocándola en un pedestal por su ‘innovador’ desarrollo, sus escenas repletas de destrucción y energía juvenil, y sus protagonistas femeninas ardientemente peligrosas. Otros, a quienes me suscribo de momento, pensaran que es una parrilla inmensa, de esas que Obamalandia suele elevar como obras maestras, siendo en realidad más aburrida que un libro de Huxley, más densa que el diario Ámbito Financiero, y más fantasiosa que Misión Imposible.

Antes de ir al cine, uno le veía cierto atractivo a Sucker Punch, atractivo alimentado más que nada por una excelsa promoción y los buenos antecedentes de su director y escritor. Pero allí se queda. No alcanza a cubrir con las expectativas por una sencilla razón: la historia es una mierda. El guión es bastante estereotipado y, se tropieza con sus propios cimientos al explorar las fronteras de la mente de forma impía. Hay aspectos destacados, pero nada tienen que ver con la mano de los creadores o de los actores.

Los hechos son bastante simples, lo que no quiere decir que tengan sentido alguno. Nuestra protagonista, conocida luego como BabyDoll, sufre la perdida de su madre, por motivos que solo el guionista conoce (asumimos que murió de pena, como el ente) y es acusada luego del asesinato de su hermana menor. Aparentemente inocente (nadie lo es en esta Tierra), es recluida en la alegre Lennox House, un loquero especializado en casos de jovencitas de excelente forma. De allí se desprende su relación, tanto en la absurda realidad como en el sensato mundo onírico, con el resto de las chicas, y el posterior e inconcebible plan para escapar de la locura y de las fauces de un doctor macabro y súper pajero. Un baile, un viaje a lo profundo de la imaginación. Un viaje, un enfrentamiento encarnizado por la supervivencia. Un enfrentamiento, miles de explosiones. Miles de explosiones, cientos de horas de efectos frente a una computadora. El resto corre por cuenta de quien haga o haya hecho oídos sordos a mi recomendación de no verla (no lo hice? bueno, ahora lo hago: NO LA VEAN!!). A ciencia cierta, lo más llamativo de la película es que, es extrañamente aburrida. No recuerdo si dura dos horas o cinco, pero por ahí parece naufragar. Si, naufragar. Con excepción de las escenas de acción pura, donde lo único que se ve es un buen despliegue de las actrices, el desastre es inevitable. Uno no ve la hora de que se termine.

Justamente es el apartado actoral en el que me quiero detener. Si bien uno está acostumbrado a ver el homo-erotismo muscular y la descabellada acción sin sentido de Arnold-kun (ídolo de Hyde) o Stallone, es un aspecto positivo que Sucker Punch, muestre como chicas ‘lindas’ les parten el ojete a ejércitos de soldados nazis, orcos, robots o lo que sea que se les cruza. En cuanto al reparto, es bastante heterogéneo si uno lo piensa bien, teniendo puntos altos y otros escandalosamente bajos. Emily Browning, sobredimensionada solamente por su trajecito de mierda, le pone el cuerpo a la protagonista, BabyDoll. Floja tu tarea piba. Mejor dedicate a cantar que lo haces un poquiiiito mejor. Sweet Pea, algo así como la líder sin liderazgo del grupito, corre por cuenta de Abby Cornish, que hace un buen trabajo, demostrando que quizás al Bad Company podría jugar (pero solo de asalto). La actuación de Vanessa Hudgens como Blondie (gran ironía el nombre no?) produce arcadas. A Jamie Chung (Amber) no se la ve practicamente. Jena Malone, tan versátil como siempre, lleva las de ganar gracias a su frívola y destacada interpretación de Rocket, que parece un pibe en ocasiones y una encantadora hermana en otros. También zafan de la paliza Carla Gugino (Madame Gorski) y Scott Glenn (Wiseman). Este último se come todo, en especial los postres que dejó el Ogro Fabbiani después del partido All Boys-Estudiantes.

Nuestro departamento de prensa, constituido por la módica cantidad de 1 (una) persona, trató de contactarse telefónicamente con los representantes de las féminas protagonistas (tras una importante erogación de fondos). Dos de ellos nos atendieron, y uno accedió a pasar la llamada a su representada. Vanessa Hudgens dialogó con LHDZ y se mostró (inocentemente) agradecida por las alabanzas vertidas durante la comunicación previa. Recordó la despiadada pero justificadísima crítica a Zack Efron con mucho humor, y tuvo la amabilidad de tirar una frase, que aún resuena en nuestras ‘oficinas’. Dijo, palabras más, palabras menos: “en retrospectiva, me doy cuenta que High School Musical no fue tan garcha… es cierto que trabajar ahí fue una perdida de aliento y de tiempo, y encima no me pagaron nada: solo el pancho, la Coca y los viáticos… Disney y la concha de tu madre… pero lo de Zack Snyder y su Sucker Punch excede la visión incluso del más alcohólico adolescente… es impresentable… la historia es una poronga… encima esa puta de Emily (Browning) lo único que se sabía era ese bailecito choto que hace, con su cosplay de mierda buscando ganarse al pelotudo del director para aparecer veinticinco segundos más en la película… los odio, y te juro que si me llego a cruzar a cualquiera de los dos en algún estudio de grabación de nuevo, los re cago a trompadas…igual, aguante Sucker Punch!”. La sexualmente implosiva ‘Blondie’ fue tan clara como una lluvia de molos.

Conclusiones.
Lo mejor: la banda sonora es sencillamente espectacular, de principio a fin, sobre todo los orgásmicos Army Of Me - cortesía de la genial Björk - y el inefable Sweet Dreams (Are Made Of This) que interpreta bastante bien Emily Browning. La música por desgracia, no hace a la totalidad del film, pero le da un vuelo ciertamente épico de a ratos. Otro punto destacable son las múltiples escenas ‘slow motion’, donde los balazos, las explosiones y el eterno fuego de la destrucción de los mundos alternativos alcanzan un nivel por encima de la media.
Lo peor: lo que no es música, es decir, casi todo. En el tope de la lista está el avasallante guión, súper volado, que hizo de la historia una ensalada de lechuga con pedacitos de sandía y puré de tomate. También esta reseña es repugnante...
Lo curioso: por alguna razón, que no intentaré explicar ya que es un tópico ajeno a esta crítica, cuando los créditos finales estallaron en la pantalla y las luces comenzaron a encenderse, no se escuchó ni un solo aplauso. Ni uno. Nada. Pero si se vieron caras largas, tan despreciables como impagables.

Es de preocupar la furia inconmensurable de la ‘crisis de la mediana edad’ que embiste al pobre Snyder. Su carrera era relativamente exitosa, pero perdió el camino; entró en una decadencia celestial, mezclando garrafas con bidones sin estar preparado para hacerlo, intentando mezclar un revolucionario relato con tiros y más tiros. Para lograr el éxito, es innecesaria la complejidad?Acaso Commando tenía historia? Acaso Cobra la tenía? O Duro de Matar? NO. Pobre Snyder. Ayer nos deleitó con una carnicería de zombies y siniestras escenas ‘cómicas’ en ‘Dawn Of The Dead’, con guerras sin cuartel en ‘300’, y con héroes del viejo nuevo mundo en ‘Watchmen’. Acá qué ofrece? Nada. Qué logra? 0.99 Zenko de puntaje. Con seguridad, un ángel de cartón se posó sobre este desgraciado hombre.

NNNNNNNNNN X NNNNNNNNN X!!

Written and Posted by Cesar de la Luz
Dedicated to Nai Brito and Marcos Sprecacenere

domingo, 4 de julio de 2010

La suma de todas las mierdas


When I drew nigh the nameless city I knew it was accursed […] It was of this place that

Abdul Alhazred the mad poet dreamed of the night before he sang his unexplained couplet:
«That is not dead which can eternal lie,
yet with strange aeons even death may die.»

Al acercarme a la ciudad sin nombre me di cuenta de que estaba maldita […] Esta fue la ciudad
con la que el poeta loco Abdul Alhazred soñó la noche antes de cantar su dístico inexplicable:
«Que no está muerto lo que puede yacer eternamente,
y en los eones por venir aun la muerte puede morir.»
H.P. Lovecraft [The Nameless City]

The Twilight Saga: Eclipse – Review Movies

La película es espantosa. Y no se dan una maldita idea como lamento arrancar así, pero que otra cosa iba a decir? Jamás se ha creado semejante basura, y esto es decir mucho si tenemos en cuenta que se ha visto una trilogía de Toy Story, por ejemplo. La reseña podría terminar acá, pero me cortarían las extremidades superiores, cosa en lo que, por el momento, no estoy interesado.

Se esperaba (al menos) una correcta adaptación del mejor libro de la saga. Sin embargo se fueron al re contra carajo en casi todo: demasiado melosa, predecible hasta los huevos gracias a su flojísimo (nulo) guión, con actuaciones más que olvidables (salvo excepciones) y, para sorpresa mía, una música horrenda. Peor que cien mortangas. Sin embargo, lo realmente inconcebible fue el tono de comedia que se le dio por momentos al film, cayendo en el estereotipo de película juvenil americana romanti-tonta, que nos hace preguntar si es o no la tercera parte de Mierdúsculo. En fin, quedó claro que la pre-producción falló; que el rodaje no existió, y que la post-producción filtró agua, ácido y salsa de tomate por todos lados.

Pero antes de meterme en la (despiadada) crítica a este bodrio galaxial, quisiera explicar el porqué del retraso en la publicación de esta review. La mecánica de las reseñas es, básicamente, siempre la misma: un momento de sagrada inspiración zenkiana, que da como resultado algunas oraciones totalmente desvarietadas. Es ahí cuando los párrafos comienzan a brotar y a brotar. Inspiración. Es justo lo que faltó estos últimos días. Ni una puta idea copada. Para empeorar las cosas, será imposible no comparar esta reseña con la hecha para Luna Nueva. Por supuesto, son excusas… porque, con seguridad, no será tan buena como aquel monumento a la bichificación.

Volviendo al tema, esta vez sacar la entrada, no tuvo mayores inconvenientes. Tres horas antes de rendir un parcial de vida o muerte, enfilé hacia el Abasto en busca del ticket más codiciado de la historia de la humanidad. No hubo aliens (solo algunos restos tirados por ahí), no hubo fanáticos/as sacándose fotos, no hubo remeras, no hubo euforia, no hubo emoción… en definitiva, no hubo un soberano carajo. Indiferencia? Tal vez. Tal vez no. Quizá yo estaba más hijo de puta que de costumbre… Para la función del jueves a las 23.10 quedaba solo un lugar pegado al pasillo y a escasos metros de la salida. Me lo tuve que quedar, a riesgo de no ver nada por la lejanía (leyendas hablan de 3km. de distancia entre la pantalla y la fila N… poco creíbles).

La noche del 1º de julio no podía empezar peor: calculé muy mal el tiempo y llegué temprano al chopin. Un plomazo. Pero todo puede ser peor, incluso cuando todo está más que peor. Así que para hacer tiempo y no irme a dormir al baño, decidí pasar el rato escuchando cómo y cuándo se le ocurrió la historia de Twilight a Stephenie Meyer. Y fue nada más ni nada menos que de la boca de un par de fanáticas acérrimas, portadoras de las características remeras de la peli (de turno). He aquí lo que me contaron. Resulta que nuestra muchacha, buena redactora de historias en el cole, estaba medio al dope viviendo en un trailer verde (que nada tiene que ver con aquel de Animeku 08), hasta que un día se le coló una tortuga en la susodicha vivienda. Es entonces que pensó ‘uf, acá tengo una punta’. Y nació Crepúsculo: la historia de un pastor anglicano que se debate entre comprar el calendario de Playboy o una alfombra para la habitación. Flor de capitalista el muy hijo de puta. En 36 páginas iniciales explora psicológicamente, con astucia épica, al pastor, amante del mini golf y de la mayonesa de calorías módicas. Luego añadió al archi mega némesis del protagonista: su conciencia. Cómo iba a comprar semejante calendario siendo ministro? Y la autora vio que todo esto era bueno… y descansó al séptimo día. Le mostró el bosquejo a la dueña de la licorería. A la mujer le gustó (no hace falta que diga que estaba en pedo). A su hija le pareció que discriminaba a los árabes (no hace falta que diga que la piba estaba totalmente drogada). Meyer cambió la conciencia del pastor por un asesino a sueldo ruso. A la hija de la licorera le gustó. Ahora bien, cómo pasó de una tortuga a esto? Qué se yo… esa parte no me la contaron. La escritora llevó el espectacular borrador a la editora neoyorquina Pepo’s: la sacaron a patadas. Cualquiera lo hubiese hecho. Finalmente, luego de ser rechazada unas cuantas veces más, logró un acuerdo con Little, Brown and Company, bajo una clara condición: había que cambiar todo. Meyer lo hizo, y el éxito fue (es) innegable. Los siguientes dos libros corrieron por un canal similar: la autora escribiendo sobre gauchos matreros, esponjas voladoras, carreras de ponys mutilados, y la editorial obligando a cambiar todo. Para Amanecer, LB&C decidió no tocar nada… cosa que queda en evidencia desde la primera página (NOTA: no importa la instancia, jamás se considerará a Amanecer - Breaking Dawn - como un libro… siquiera se lo considerará una cosa). Gracias a Dios, y después del típico retraso de Hoyts, dejaron ingresar a la mugrienta sala. El relato me quedó picando, y al llegar a casa investigué un poquito. Cuasi-oficialmente, se dice que Crepúsculo nació de un sueño que Meyer tuvo, el 2 de Junio de 2003. Emm, un sueño? Qué clase de idiota puede creérselo?

A las 23.20 las luces se apagaron y la emoción llegó a su punto máximo.

Fue sorprendente como nadie se levantó tras los primeros 25 minutos de película (irse antes hubiese sido una falta de respeto para con la acomodadora). Como dije anteriormente, empalagosa a más no poder: besos, amor, amor, amistad, besos, amor, por acá por allá… Y la sangre cuando, la puta que te parió? Para peor, la primera persecución no se vio: la nitidez no estaba incluida en la cinta. Los pobres diálogos fueron demasiado para las escenas de acción, que no pudieron remontar nada, con todas sus limitaciones a cuestas, claro. Por momentos, el aburrimiento era total. No voy a contar mucho, ya que el argumento es harto conocido. Pero, sin usted leyó Eclipse y odió a Bella por ser tan puta, la odiará más luego de ver el film. Una trola que intenta sacarle la ropa a su buenazo novio vampiro, Edward Cullen, minutos después de tener una discusión con su padre sobre la virginidad. Una baratera que, acepta casarse con alguien, y 10 horas después le implora a un sucio perrito faldero de mierda que la bese. Y es ahí donde me detengo: en las actuaciones. No se como pude dudar de Taylor Lautner… nació para el papel de Jacob ‘Puppy’ Black. No importa si es bueno o malo actuando… es Jacob. FORRO! Lo mismo se aplica para Kristen Stewart. PUTA! Al margen, y para completar el trío protagonista, hay un buen trabajo de Robert Pattinson, que mejora película tras película. Un escalón más arriba está Billy Burke, que interpreta a un Charlie Swan distinto al de los libros, más vivaracho e hijo de puta. Pero, a mi criterio, los que se roban la película y se cargan semejante papelón al hombro (a pesar de no aparecer mucho) son Jasper (Jackson Rathbone) y Riley, el recluta vampiros controlado por Victoria (Xavier Samuel). Hincapié en el primero, que no solo despeja las dudas sobre si era o no un placard, sino que le da nueva vida a un personaje que parecía destinado a la nada en la pantalla grande. Alice (Greene), sublime y hermosa como siempre. Pero como todo se centra en el triángulo amoroso (cosa obvia), no se puede evaluar severamente al resto de los actores. Salvo Dakota Fanning, cuyo papel ya cruza la línea del patetismo para pasar a ser algo innombrable, inenarrable. Dejando las actuaciones de lado, debe decirse que lo que hizo todavía más embolante a Eclipse, fue la música. Inexistente, pedorra. Acorde a la calidad de la película. Una decepción si tenemos en cuenta el buen nivel de las dos entregas anteriores.

En fin, aún con la millonada de horrores cometidos, el futuro de esta ‘franquicia’ parece… parece prometedor. Recuérdese que quedan aún dos películas por rodarse. La cuestión es que el cambio de actriz para el personaje de Victoria (que no merece mayores comentarios) es apenas el primero de varios. Tranquilos/as, Eddie no será reemplazado. Tampoco el pichicho peludo y cagón. Sin embargo, díganle adiós a Kristen Stewart. En su lugar estará ni más ni menos que… Dakota Fanning, quien tiene muchísima experiencia y categoría a la hora de interpretar vampiros, algo sumamente necesario para la próxima película (el spoiler te lo metés en el orto). Claro, alguien debe de suplir a la actriz prodigio al frente de su magistral Jane. Los productores, muy hábilmente (siguiendo el consejo dado anteriormente por LHDZ), decidieron sustituirla por una caja de zapatos con una cara dibujada al frente. Espléndida decisión. Ah, por cierto, el lugar de Kristen también podría habérselo quedado Miley Cirus, que encajaba perfectamente con el papel de súper puta, pero se temió que muriese absorbida por su propio ego, de haber sido elegida protagonista de Breaking Dawn, así que se la descartó rápidamente. Y hablando de ex-figuritas juveniles de Disney ahora relegadas y regaladas, la que sí tuvo suerte fue la ‘rubiecita’ Ashley Tisdale, conocida por su papel de Sharpay en High School Musical (otra trilogía pedorra y van…). Le tocará encarnar a Rosalie: la actriz que la interpretaba hasta ahora pidió ganar el triple ya que le habían prometido que su personaje tendría más protagonismo que en los libros (‘va a ser más que Bella’ le dijeron… pobre pelotuda). El gran problema acá es que su promedio de palabras por segundo es superior a cincuenta, cosa no conveniente para la gran Rosalie Hale. Y ojalá hayan disfrutado de Gil Birmingham, el texano que hace las veces de Billy Black, puesto que será cambiado por obvias razones: increíblemente ahora puede caminar (tras un tratamiento con alcohol en gel); así que sano ya no le sirve a nadie. Su carrera ha terminado (antes de empezar). En su lugar estará Antonio Banderas, quien le agregará a la silla de ruedas, un antifaz, capa y sombrero negro.
Finalmente, el cambio más importante se da en la dirección de (los) Amanecer: algunos pedían de vuelta a Catherine Hardwicke (no será demasiado?), otros a Stallone para que hubiese cincuenta veces más acción y cincuenta veces menos historia, pero ese lugar lo ocupará el ultra desconocido Bill Condon [inserte aquí el chiste que usted prefiera]. Ya se imaginaran el resultado…

Me cansé de escribir… así que, a pesar de ser totalmente innecesarias, aquí están las conclusiones:
Lo mejor: no comer pochoclos ni tomar gaseosa evitaron infinitas arcadas en la asquerosa cantidad de escenas melosas. Después de eso, indudablemente es genial que falte mucho para el estreno de la primera parte de Amanecer (hasta puede que nunca se estrene).
Lo peor: esta es imposible; casi todo fue muy malo. Igualmente me quedo con la omisión de la mejor parte de la versión literaria: la muerte de Bella… Ah, no muere? La próxima compro el libro, y no me lo bajo de Internet.
Lo curioso: ubíquese… escena tras el beso de Bella con el perro… cara larga de Edward… y el GRITO de una fanática al son de: ‘dejala que estoy acá… dejala’. Lo único realmente gracioso de toda la noche que obtuvo merecidos aplausos y risas.

Para ser honesto, la decepción no puede ser más total. Es posible que con el tiempo, luego de su edición en DVD, Blu-ray o lo que sea, cambie levemente mi opinión (haciendo hincapié en el ‘levemente’), como sucedió con Luna Nueva, que comparada con Eclipse ahora parece Casablanca o Memento. Sin embargo, las posibilidades que esto pase son menores a las probabilidades que dos variables independientes en regresión múltiple sean independientes entre sí al mismo tiempo. También es posible que mi crítica haya sido desubicada, despiadada, parcial, maliciosa y que parezca que nada me viene bien. Mas debo decir que un hijo de Zenki no se equivoca en este tipo de cosas. Puntaje? Complicado, ya que la función que determina la puntuación de películas, en comparación con el resto de los medios, está acotada entre 0 y 3… no hay números negativos. Así que optamos por un valor cercano a cero: 0.1 zenkos. La recomendación es muy clara: no la vean, bajo ningún punto de vista.

NO ES EL VIOLETA 01… ES EL NEGRO 0-4

Written and Posted by Cesar de la Luz
Dedicated to Pao Cortese, Ale Dalamar and Seth Hultkrantz

domingo, 22 de noviembre de 2009

Luna llena de humo

«[…] de esto se deduce que a los hombres se les debe
mimar o destruir, porque se vengan de las ofensas ligeras, pero no
de las graves; así pues, cuando se ofenda a los hombres,
se debe hacer de forma que no se tema a la venganza.»
Nicollò Machiavelli [El Príncipe]

La ciudad ya no es segura: los zombies atacan. Veo, a lo lejos,
miles de conitos blancos. Todos al Easy de Palermo!
Cesar de la Luz

New Moon - Review Movies

Cuántas veces han salido de mi boca, insultos contra Crepúsculo, contra Edward, contra Bella, contra Jacob? Contar la cantidad de maldiciones a todo este universo creado por Stephenie Meyer, es imposible. Juré y re-contra-juré ver nunca Luna Nueva. Pero, cómo podía escapar? La idea de esconderme o viajar a Marte hasta que todo rastro del film en cuestión fuese borrado, era un dislate (con lo que implicaba empezar a padecer la promoción del DVD al ratito). No pude evitar su estreno mundial asesinando a los actores antes (obligando a cancelar todo). Tampoco vino la esperadísima invasión zombie para terminar con el grueso de la población. Ni hablar que no me ha tocado la dicha de ser atropellado por un colectivo… Tendría que purgar, aguantando las ganas de arrancar los afiches promocionales y comérmelos.

Entonces decidí encolumnarme detrás de aquél dicho tan simple que dice “si no puedes vencerlos, únete”, y ver esta mierda, aún sin haberme ‘deleitado’ con Crepúsculo (Twilight). El mismo motivo me llevó a escribir esta reseña: el odio. Con gusto había leído, allá por junio, Luna Nueva. La simplicidad y obviedad de la historia (best-seller, si vamos al caso), por lo menos, entretenían. La probabilidad que la adaptación a la pantalla grande fuese relativamente fiel, eran tan bajas como la probabilidad que la profecía no pueda ser desviada por un Hijo de Zenki; algo así como el 0.0000000000001%. En fin, era de esperar algo bastante libre, incluso obviando detalles fundamentales de la historia que luego serán explicados…

The Twilight Saga: New Moon (en el original anglo-árabe) termina siendo una película del montón, pero con una expectativa y una repercusión que otras obras maestras del cine no tuvieron (Commando o Delta Force 2, por citar algunas). La batalla por la entrada fue todo un tema. Los marcadores del cine ponían en casi todos los horarios ‘LLENO’ (de mierda…). Lo mejor sería: ir un día de semana, bien tarde (lo más que se pudiese), asiento pegado al pasillo y cerca de las salidas (para huir por si el alien azotaba). Ser previsor sirve cuando uno tiene interés en ir al cine, no cuando a uno le da exactamente lo mismo. Fue un verdadero calvario: fanáticos/as con remeritas con la cara de Eddie y pines por aquí y por allá; chicas sacándose fotos con los afiches/posters de promoción; escolares con pochochos; bichos por todos lados, invisibles para el común de los mortales, pero no para mí… Si eso era el jueves a la tarde, imaginaos el viernes!! Ya lo estaba padeciendo. Al otro día, luego de la Animate 09 (review, próximamente), y de Mierdanza, no quedaba otra que ir. Impuntual como pocas veces (o como casi siempre, de acuerdo a como quiera verse), llegué con lo justo. 23.10 la función… 23.02 estaban cortando mi ticket. Por un retraso, la gente de Hoyts (Abasto), arrancó todo exactamente a las 23.23, con el comercial de Samurai 7up al son del ‘soy lo que soy y la concha de tu madre’. Los trailers previos a Luna Nueva me hicieron preguntar ‘estoy en el lugar equivocado, en un momento inadecuado… tendría que venir dentro de un mes al cine’. Primero, ‘2012’. Con un par de minutos de imágenes, y la frase “Cómo podrán los gobiernos preparar a 6 billones de personas para el fin del mundo? No podrían” ya te bichifica hasta las pelotas. Luego, ‘Avatar’ de James Cameron, que pinta lindo. Y por último, el moderno ‘Sherlock Holmes’ de Guy Ritchie con Robert ‘Termi’ Downey Jr. como protagonista. Todo mejor que Luna Nueva, obviamente. Después de tanta verdura, supongo que es necesario que hable de la peli en cuestión…

Básicamente es una continuación de Twilight pero un poco más ‘oscura’ y DECENTE, atribuido claramente al cambio de director (antes Catherine Hardwicke, ahora Chris Weitz; que dijo ‘yo soy re groso así que le doy un toque de Sakura y la hago re oscura’ – un papanatas). La historia es ya conocida por toda la galaxia: Bella Swan (interpretada por la horrorosa Kirsten Stewart), humana miserable, se enamora de Edward Cullen, un bonito vampiro parecido a Robert Pattinson, aún con todos los quilombos que esto acarrea (que otros vampiros se la quieran lastrar). Luego de los acontecimientos increíblemente irrelevantes de Crepúsculo, encontramos a los protagonistas muy felices tras el veranito de Forks. El cumpleaños número dieciocho de Bella en casa de los Cullen (aquella familia de bebedores de sangre bonachones y con estilo) y el ataque en dicho lugar de Jasper, por un insignificante corte en el dedo, da pie a la partida de Edward y compañía, en pos de proteger a nuestra protagonista. Eddie se va, la deja hecha un trapo. Entonces aparece el mejor amigo de la joven, Jacob ‘Puppy’ Black para consolarla, quedando claro igual, que solo pueden ser eso… amigos. El que habla de ‘triangulo amoroso’ carece de fundamentos… No es un ‘triangulo’… Jacob no cuenta. Este indiecito corpulento (primero pelilargo, después no más) interpretado magistralmente por Taylor 'sigan inyectandome asi me hago más groso' Lautner, es básicamente, un perrito faldero, pollerudo, negro, puto de mierda, cara de nabo, forro hijo de puta. La película solo acrecentó mi odio... está más que claro. Como decía, Bella mitiga un poco el dolor de su pérdida, con su amiguito lobo. Claro, a Jake le llega la hora de pasar a ser uno de los perritos quileutes protectores de la zona. La cosa es que la piba está tan deschavetada, que tiene alucinaciones cuando está en peligro (inducido o no por ella misma) en las que ve y oye a Edward. Todo toma ‘color’ cuando Alice Cullen, la descomunalmente encantadora y hermosa hermana de Eddie (Ashley Greene, la actriz) , regresa a Forks para corroborar su ‘visión’ sobre la muerte de Bella (en otra de sus locuras para ‘ver’ a su vampiro). Malentendido va, malentendido viene (muchísimo mejor relatado en el libro), nuestro protagonista decide dar fin a su existencia (tras la supuesta muerte de su enamorada) provocando a los Vulturis, unos chupa sangres que se la pasan haciéndose los porongas pero al final solo venden humo (como Luna Nueva, toda). Bella y Alice viajan a Volterra en tiempo record (minuto y medio con suerte) tratando de evitar una ‘tragedia’. El resto, no vale la pena contarlo, ya todos los saben, incluso sin ver este fiasco del cine.

Luna Nueva se queda en el borde de un drama juvenil romanticón y una película de suspenso/terror. La constante aparición de chicos/as atractivos y situaciones novelescas le hacen honor al libro. Sin embargo, no se la juegan en darle la oscuridad y escenas sangrientas suficientes para considerarla de terror. Y hay insólitos toques de humor (en ocasiones desubicadísimos) que la hacen todavía más indescifrable. Tampoco vamos a buscarle la quinta pata al gato… La autora no es un prodigio de la literatura pero logró, con sencillez y descripciones notables, novelas de buena calidad, cosa que, como decía antes, en la versión cinematográfica no se aprecia tanto. Da un poco de sueño el nudo de la película, con mucho Jacob Black, que nos recuerda lo idiotas que somos a veces los hombres cuando creemos estar enamorados. Son bastante buenos los efectos especiales, alcanzando licántropos muy grosos (en apariencia, puesto que son todos unos boluditos). Una ovación de pie merece la música, que lamentablemente no tuvo un reflejo adecuado en las imágenes jaja. Para que hablar de Forks… es el mejor del lugar del universo: sin sol, todo gris, pura lluvia. Mejor, imposible. Errores y omisiones groseras hay por doquier. Lo peor es la vestimenta de los habitantes de Volterra durante la celebración de San Marcos. En la película son rojas; en el libro la autora dice constantemente que son rojas, pero se que ella estaba pensando en pantalones de cuero aboados, en ponchos bordo y en conitos blancos en la cabeza… sucede que no lo quiso escribir por miedo… por lo tanto, los hacedores de la peli debieron considerarlo, corregir esto y vestir a todos de la manera originalmente concebida. Grosero error. En otra, Bella viaja con un motoquero solo para tener la visión de Edward. Se muestra cuando se baja, y luego cuando se encuentra con Jessica. Se olvidaron lo del medio: Bella entra en modo Berserk, le arranca la cabeza al chabón en cuestión y se pone a jugar al football con la capocha; luego la tira en un tacho de basura, se afana la moto, la choca contra una columna, se toma una Quilmes hirviente y se va al encuentro de Jess. Este era un hecho esencial para entender el porqué de la locura galopante de Bella: su adicción a la cerveza caliente. Por supuesto, esto no solo no está en la película, sino que tampoco está en el libro, pero LHDZ tuvieron acceso a la versión original de New Moon, donde esto sí sucedía. Otra omisión: no se ve cuando Jake se va a cortar el pelo a lo Giordano (cuya carrera continua en Washington) y como no tenía para pagarle, decide desfilar para él… Lamentable que esto no estuviese, ya que daría al fanático una idea más clara de las orientaciones del perrito. También olvidaron del momento clave en el que Harry Clearwater vuelve del más allá y prende fuego la casa de Billy Black con él y su hijo adentro. Es una parte fundamental, clave para el spin-off donde el fallecido amigo de Charlie es detective del Infierno… Muy verdes los productores. Pero lo peor sin dudas, es la ausencia de insultos, la ausencia de puteadas. Los espectadores deberían agradecer el hecho de que esa cuota, la puse yo…

Vamos con las conclusiones pues.
Lo mejor: Alice Cullen, obviamente. No puede ser que esta mina sea tan linda! Tampoco se entiende cómo no modificaron sutilmente ^.^ la historia, para que Alice pasase a ser la protagonista excluyente, con Edward y Bella bien muertos (todavía más). Es un horror por parte de los productores. Ojalá lo corrijan para Eclipse. Cambian tantas cosas en la adaptación, que un cambio como ese no sería demasiado exagerado… Tampoco quiero olvidarme de Mike Newton y su cara de pelotudo. Supera todo lo conocido…
Lo peor: Dakota Fanning (en el papel de Jane). Tiene menos pinta de vampiro que yo!! Como actriz, es inmunda. La cara de pelotuda que pone es sublime… ‘Dolor’ dice… si, dolor de cabeza nos da su intervención. Jubilate.
Lo curioso: como dije, hubo risas… Increíble. Nah, ahora en serio, a mi derecha había una parejita viendo la película. Y pasada aproximadamente una hora, uno de ellos preguntó al otro ‘quién es Alice?’. La respuesta del otro fue ‘no se’. NO MIENTO.
Con las cartas en la mesa, el puntaje de LHDZ para Luna Nueva es claro, simple, plano, chato, obvio: 0,9 zenkos (equivalencia de intercambio a Clarines y Estrellas, dada por la función de Hess-Vassena), o sea, que la peli es aceptable.

SEÑOR BOLETERO: ME DEVUELVE LA PLATA DE LA ENTRADA?

Written and Posted by Cesar de la Luz
Dedicated to Pao Cortese, Ale Dalamar and Mackie Uchina

martes, 12 de mayo de 2009

17 Again o qué hacer cuando no hay entradas para ver otra cosa...

Todo lo grande está en medio de la tempestad.
[Martín Heidegger]

«Baja el cráter de Yoculo del Sneffels por donde la sombra
del Scartaris llega a acariciar antes de las calendas de
julio, audaz viajero, y llegarás al centro de la tierra,
como he llegado yo. Arne Saknussemm.»
Jules Verne [Viaje al centro de la Tierra]

Me da un poco de lástima comenzar la sección “Review – Muvis” con este intento de comedia aleccionadora, pero prometí que lo iba a hacer y debo cumplir. En otro intento por alejarse de los papeles infanto-juveniles, Zac Efron demuestra de qué está hecho: justamente de eso de lo cual no puede despegarse, de pura pinta y de mucha habilidad para bailar y jugar al básquet.

Recién comenzada la película, parece ser una continuación de High School Musical, salvo por el detalle del uniforme y porque aclara que “estamos” en 1989 (el año de Alfonsín y de la Unión Soviética). Pero eso no es importante ahora. La historia propiamente dicha, nos presenta a Mike O’Donnell, un gordo nabo, cuasi separado y con menos influencia en los hijos que un documental de National Geographic en mí. Además de ser un pobre diablo familiarmente hablando, también lo es laboralmente (ojo, discrepo absolutamente con los dos términos, pero quedaban bien en la review). Claro, todo tiene una raíz: a sus 17 estaba llamado a ser el Larry Bird de los ’90, pero el muy pillín embarazó a su novia (punto para mí por la predicción) y tuvo que conformarse con ser un vendedor de merca (medicamentos full of efedrina para Maradona). Este nabo está interpretado por el gordo Matthew Perry, ex-figura de Friends.

Su única compañía es un cuarentón millonario y fanático de los comics y esas boludeces americanas (aunque también del Señor de los Anillos, desconocido totalmente por mí), a quién Michael protegió durante su adolescencia y ahora lo aprovecha para vivir mientras se separa de su esposa (luego tocamos el temita). Estoy hablando de Ned Gold, casi redundantemente la estrella de la película. Sin embargo, estos personajes sobran en el cine gringo basados en este modelo infalible: “clásico tonto que hace boludeces cada vez que aparece en pantalla, que por supuesto no es protagonista, pero tampoco un relleno; por lo general suele ser un morenito, un no-americano o Jackie-chan; por supuesto, con una cara de pelotudo que ya da risa aunque el tipo no abra la boca”. Es interpretado por el casi desconocido Thomas Lennon.

Claro, al pobre señor O’Donnell, no le dan el ascenso esperado y decide renunciar. Su matrimonio con Scar, de graciosa voz, se viene abajo por su constante “qué hubiese pasado si...”. Sus dos hijos, Maggie y Alex no le dan pelota. La jovencita es muy inteligente pero lleva adelante una relación con el típico chico malo de las secundarias gringas (no me acuerdo el nombre). Este rubiecito de peinado animero tiene para la chacota al otro hijo de Michael, Alex, que no es mas que alguien cuyo padre “vive a través de él” (mis excesivas comillas demuestra mi inexperiencia para explicar algunas cosas -.-).

Presionado porque todo le sale como a mí (o un poco mejor), busca el lugar donde su camino se torció: la secundaria. Conoce a un “conserje mágico” (que nos recuerda al viejito dueño del cine en “el último héroe de acción”, protagonizada por Arnold Fachonegger), a quién intenta salvar del suicidio en el medio de un puente, bajo una torrencial lluvia. Se sumerge, entonces, en un remolino que lo escupe convertido en el Mike de 17 años (de ahí el tan elaborado nombre de la película). Tal y como lo describe el freak de Ned, es una historia más de transformación en la historia de las historias históricas americanas (wtf!)

Ahora, con su nueva figura, intentará llevar a sus hijos por el camino correcto, tratando de evitar que se vayan al joraca como él, y por supuesto, que su mujer reconsidere el asunto del divorcio. Para esta titánica tarea decide hacerse pasar por Mark, hijo (bastardo @_@) de Ned, para así ingresar a la escuela donde dos décadas atrás asistía. De allí en más, se suceden cosas que cualquiera podría predecir puesto que es, después de todo, una producción norteamericana, que no ofrece más que algunos buenos chistes y situaciones bastante disparatadas y absurdas por cierto (véase escena de Maggie flirteando con su padre en versión Efron). Algunos toques románticos / novelescos ineludibles, logran el efecto deseado: conmover a las chicas (casi al extremo de las lágrimas – no doy ejemplos porque es obvio quién fue) y dar ideas a los chicos de cómo ser verdadera y desinteresadamente tiernos (es decir, nada sexual, distinto a otras películas, con una idea más vaga de lo que es una relación entre hombres y mujeres – opinión contraria se admite claro).

Por supuesto que el gancho de la película, por lo menos para el público femenino (desde un punto de vista más físico) y parte del masculino (para copiar su estilo conquistador) es el mozalbete actor Zach Efron. Es obligatorio hacer mención a su habilidad para ‘’enamorar’’ a las chicas con sus movimientos y su encanto netamente juvenil. Por cierto, enorme porcentaje del público termina siendo integrado, por esta razón, por jovencitas de entre 10 y 20 años. Bromas al margen, hay que aceptar que el pibe la tiene muy clara y nos deja como unos pescados al resto... Sin embargo, también es evidente que no podrá hacer estos papeles muchos años más, porque el ambiente Jolivudense se lo va a “comer con fritas”. Muy parecido al caso de Fernando Dente, finalista del HSM: La Selección, que se vió por estos pagos (a quien no le gusta sacarse fotos con gente insignificante T_T)

Otra de las atracciones del film, son las múltiples menciones a sagas ultra-conocidas como Star Wars o Lord Of The Rings, claro, casi todas a cargo del tío Ned.

Volviendo a la peli, es muy positivo el hecho de que logre sacarte muchas pero muchas risas, aunque desafortunadamente son producto del contagio del resto del público: es seguro que la próxima vez que la veas, no te cause la menor gracia.

Anécdotas sobre la proyección hay muchas, pero eso quedará para otra vida... cada uno que se haga cargo de lo que le toca... Finalmente, aclaro que este tipo de películas no son mis favoritas, motivo por el cual soy más bien crítico. Me gustan más las de acción pura, tipo ‘Duro de Matar’ o ‘Comando’; los eternos dramas épicos de hace 50 años como ‘Rey de Reyes’ o ‘Ben-Hur’; y claro, algunos policiales de Chuck Norris o Seagal. Claro, tienen otro tipo de objeciones por parte de los amantes de las comedias románticas (como la imposibilidad del 99% de las situaciones) pero eso es tema de otra vida también...

Ahora, antes de las puteadas, recurriendo a los trucos de la críticas del resto de los medios, vamos a lo mejor, lo peor y lo curioso de la peli.
Lo mejor: la duración. Al no ser demasiado extensa, permite seguir disfrutando de la vida fuera del cine.
Lo peor: el final. Demasiado previsible y trillado, como todas las producciones de Gringolandia. Claramente, como lo repetí hasta el cansancio, a la película le sobró media hora.
Lo curioso: ser freak y millonario es posible. El personaje del ‘tío Ned’ nos da cierta esperanza de poder ganar dinero explotando al máximo un estilo de vida desvarietado como es el de un friki hdp. Tampoco deja de asombrar el hecho de que nadie se de cuenta de que Mark y Mike son la misma persona pues. Algo que demuestra que no sólo en el caso de Superman o Sailor Moon, los que rodean a los protagonistas son unos tremendos pelotudos al cuadrado.
El puntaje final pues: 1 zenko (haciendo la equivalencia de intercambio, serían 3 Clarines o 3 estrellas para La Nación), o sea, que es bastante buena...

AH, TOKASHIKI TIENE 8 O 9... MÁS NO!!! POR DIOS!!!!

Written and Posted by Cesar de la Luz